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Convergencia y Elegia para Tomás y Walterio,
Pedro Pérez-Sarduy, 1/09

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Walterio Carbonell
1920-2008

Walterio Carbonell was born in 1920 to a well off AfroCuban family and was educated in France. He is said to be the first to lay out a grand strategy for Cuba in Africa to his university friend Fidel - a cause later taken up by the Cuban government. He tried to set up a Cuban Black Power organization in the mid 60s, but the comrades did not appreciate this independent thinking so he was punished and sent off to cut cane. A committed communist who was also an intellectual with an extensive library, he did not react well to the labor camp and was later put into a psychiatric hospital. Whether he really had a nervous breakdown or was simply being further harassed via the hospital is a matter of some debate, but he did wind up badly affected by his ordeal.  He spent a lot of time in later years at the National Library in Havana, a shadow of his former self. The Cuban leadership regrets what happened to him and Fidel sent flowers to his funeral. Ricardo Alarcón, president of the National Assembly, was a classmate of Carbonell and is said to be promoting his views.

His major work, "Cómo se forjó la cultura nacional," long unavailable, has recently been translated into French by Maria Poumier.

Cómo surgió la cultura nacional (capítulo 1)  5/17/2008 La Jiribilla: de Walterio Carbonell, 1961

Blacks and Criollos in the Formation of the National Consciousness, excerpted from "Cómo surgió la cultura nacional" (1961) and published in Islas


Walterio Carbonell passed on to the ancestors Sunday, 4/13/08.

Falleció en La Habana el destacado intelectual cubano Walterio Carbonell, RHC, 14/4/08

Sepultado el historiador Walterio Carbonell, AIN 4/15/08

Falleció Walterio Carbonell, Nuevo Herald, 15/4/08

Lección y linaje de Walterio Carbonell, 19/4/08 La Jiribilla

"Siento mucho no poder estar en la Habana para rendir tributo con mi presencia física a Walterio. Pero desde aqui le digo descansa en paz negro Quijote, te seguiremos leyendo, te." -- Alexis Esquivel, visitando España, 14/4/08

 

L'apparition de la culture cubaine
Introduction, traduction et notes par Maria Poumier
Préface par Dora Carbonell. Traduction de "Cómo se forjó la cultura nacional", por Walterio Carbonell, la Habana, 1961

In April 05, he was falsely reported to be dead by Spain's el Pais and by Encuentro, an NED funded exile publication based in Spain. See:

Walterio Carbonell: Vivito, coleando y con las pilas puestas, 4/22/05, Jiribilla

Desde El Monte hasta La Selva, 4/13/05, Encuentro

Some have said he was a counter-revolutionary, but he actually remained a committed communist and a fidelista until the end. Some have tried to assimilate him into the modern "civil rights" dissidence movement, but he would never have allied himself with the exiled Plantocracy as they have.

Walterio Carbonell: Vivito, coleando y con las pilas puestastop, 22/4/2005

Pedro de la Hoz • Jiribilla, La Habana

La Habana, viernes 22 de abril del 2005. Lugar: Sala Cubana de la Biblioteca Nacional José Martí. Hora: 2:00 p.m. En una mesa repleta de papeles y fichas bibliográficas, y una vieja máquina de escribir Robotrón en perfecto estado de conservación, trabaja Walterio Carbonell. Sí, está vivo. Perfectamente vivo y con una disposición excelente. Y con una buena noticia: su ensayo “Cómo surge la cultura nacional”, que vio la luz en 1961, será reeditado en las próximas semanas para dejar inaugurada la nueva colección de publicaciones de la Biblioteca que llevará el nombre de Bachiller.

Hace unos días, exactamente el 10 de abril, el diario madrileño El País daba a conocer su presunta muerte, en un artículo del escritor Juan Goytisolo, en el que, más que un obituario, se configuraba un ajuste de cuentas contra la Revolución Cubana, muy a tono con los tintes de la campaña mediática que el Grupo Prisa, la Fundación Hispano Cubana y los más furibundos aznaristas —se confabulan derechistas y renegados izquierdistas ha entronizado en los últimos años.

Por supuesto, el eco de la falsa noticia resonó en la Florida. La versión digital de Encuentro, no faltara más, tituló: “El intelectual negro cubano Walterio Carbonell, condenado al ostracismo y el olvido, ha muerto en la Isla”. La nota, tampoco faltara más, la firmaba Emilio Ichikawa, ese filósofo que con verdadera contumacia ha pretendido sustentar la idea de que Miami un emporio cultural.

Pues bien, Carbonell ni ha muerto ni ha sido olvidado ni nada por el estilo. Ni se ha refugiado en la locura ni ha renegado de sus ideales ni se hace el chivo con tonteras. Ni anda con camisas raídas ni en actitud mendicante.

La revista digital de la Biblioteca Nacional José Martí LIBRINSULA acaba de publicar una entrevista con Carbonell y una muy esclarecedora nota de Eliades Acosta, director de la institución sobre las crónicas de una muerte inventada.

Quien esto escribe, no solo puede dar fe de vida de lo que hace, cuenta y dice Walterio Carbonell, sino que en las líneas siguientes reproducirá el diálogo sostenido en medio de una taza de café compartida.

Walterio, Goytisolo te mató y te celebraron en Miami...

Goytisolo oyó rumores, pero ya ves, estoy, como se decía antes, vivito y coleando. Alguien le informó mal. Yo lo considero un buen escritor, un buen amigo, aunque diga cada cosas.

¿No te sientes utilizado de algún modo cuando se vincula tu supuesta muerte con la también supuesta incapacidad de la Revolución para desarrollar una práctica cultural consecuente con sus principios?

Podemos debatir muchos aspectos sobre si algo se hizo bien o mal, o si se pensó bien o mal, pero aquí hay una obra que no puede ser desmentida. Los que quieran utilizarme, tendrán que saber que todavía siento y actúo bajo una doble militancia: soy un viejo comunista cubano y un viejo comunista francés. Acuérdate que allá milité durante mis estudios.

¿Te sientes condenado al ostracismo?

No soy una estrella de cine. Trabajo e investigo todos los días. Me siento vivo intelectualmente en mi país. No tengo por qué sentirme olvidado. De hecho los jóvenes me consultan, me citan, me quieren. Y aquí en la Biblioteca he encontrado un respeto hacia mi talento y un enorme cariño hacia mi persona.

Pero no has publicado nada en los últimos tiempos...

Es mi problema. Poco a poco, pero muy pronto, saldrán cosas nuevas. No hay que apurarse

Desde El Monte hasta La Selva, 4/13/05top

El intelectual negro cubano Walterio Carbonell, condenado al ostracismo y el olvido, ha muerto en la Isla.

por EMILIO ICHIKAWA MORíN, Homestead

Nos acabamos de enterar de la muerte de Walterio Carbonell. No directamente, sino a través de un artículo que publicó su amigo Juan Goytisolo en El País (Las bellezas del físico mundo, los horrores del mundo moral) y que a su vez ha enviado gentilmente el doctor Eduardo Zayas-Bazán.

La muerte ha sido noticia en esta temporada; no sé, por tanto, en virtud de qué cultura de la vida se habla. "8": muerto grande en la charada chinocubana. Muertos grandes: Juan Pablo II, Terri Schiavo, el Príncipe Rainiero, Antonio Benítez Rojo, Guillermo Cabrera Infante y otros más. Un peligro para la elegancia de los sobrevivientes: el mundo, con nosotros, parece decidido a perder un poco de estatura. Pero haremos lo posible. Seguro.

Juan Goytisolo ha dicho con orgullo que era amigo de Walterio Carbonell. Y eso era cierto. Al menos es lo que me contaba en las charlas que teníamos en la Biblioteca Nacional de Cuba. Sorprendentes diálogos en su "cubículo", ocupado primero por demasiado papel y después por nuevas intenciones administrativas.

Walterio contaba que al Che Guevara le había gustado su idea acerca de la fundación de un "black power" dentro de la revolución, así como la incorporación de un área dolarizada dentro de la economía socialista. "Esto de ahora fue idea mía", se adjudicaba Walterio en sus delirios lúcidos y persecutorios, que siempre acababan certificando que su enemigo era la Seguridad del Estado, no Fidel, ni tampoco Raúl, quien le estaría reconsiderando para encargarlo de la Embajada de Cuba en Francia.

Cuando a Juan Goytisolo le prohibieron entrar en Cuba, o le hicieron saber que no era agradable su presencia, su hermano José Agustín le visitó; encargándose después de enviarle apoyo y sostener una comunicación a distancia. En efecto, Walterio Carbonell recordó siempre, hasta el final, el viaje a Santiago de Cuba que refiere Juan Goytisolo en su artículo. Le divertía la evocación, y apuntaba que en verdad al español no le había gustado mucho Santiago, especialmente su bahía, porque "parecía un charco". Aseguraba que "a él le gustó mucho más Bayamo".

La soledad que refiere Goytisolo es básicamente cierta, aunque hay que decir que en la Biblioteca Nacional Walterio podía ironizar (y hasta conspirar) con algunas personas; el estudioso Víctor Fowler y el investigador Tomás Fernández Robaina, entre ellos. Y debe ser dicho también que el doctor Eliades Acosta Matos, director de la Biblioteca, le permitió libertades que sólo caben en aquellos que ostentan la relativa categoría de "intocables". Entre ellas, hacer usos muy singulares de las macetas de plantas ornamentales de la Sala General de Lectura.

Cada mediodía, en el sótano-cafetería de la Biblioteca, cuando la gente bajaba a ocupar esa dieta de fines de los noventa donde predominaba la lenteja y el arroz blanco (además del "perro caliente" que el ministro de Cultura envió para "enriquecer" el almuerzo), esperábamos la aparición del séquito de mujeres rusas e inmediatamente después, alborotando la escalera real, el descenso de un Walterio Carbonell que se reía de todo, por encima de todo.

Él escribió Los orígenes de la cultura nacional (1961), un extraordinario "pamphlet" (sin sentido peyorativo) donde cuestionaba la unilateralidad con que suele entenderse el proceso de fundación de la cultura cubana, así como el predominio blanco en la hagiografía de una nación donde lo negro es un "factor humano" cardinal.

No es difícil afirmar que Los orígenes de la cultura nacional es la antípoda de la obra en dos tomos titulada Origen y desarrollo del pensamiento cubano (1945), escrita por ese otro gran polemista que fue Raimundo Menocal y Cueto. Uno miraba a Francia, el otro a Inglaterra, dos polos de influencia metropolitana con diferentes implicaciones en nuestra cultura. Walterio, por cierto, escribió una cariñosa dedicatoria en un ejemplar de su libro que dejé en la Isla al cuidado del investigador Roberto Zurbano.

Un intelectual en toda su definición

Walterio Carbonell fue un intelectual cubano en toda su definición; defensor de sus raíces y, como corresponde a cierto linaje de la Isla, muy "afrancesado": elitista, liberal y elegante aún en la más enconada miseria.

Sabía que había sido una gente importante en la revolución, un amigo de Fidel Castro. En la primera parte de La autobiografía de Fidel Castro (2004), Norberto Fuentes ofrece numerosos datos al respecto.

Fue "roommate" del Comandante en Jefe, testigo de sus manías y poses cotidianas. Tenía suficientes elementos para desmitificar su figura, pero se dedicaba a otras cosas. Una vez contó que bajaban juntos por la calle Neptuno y Fidel Castro se detuvo a leer un periódico en un estanquillo. Como nunca lo compraba, el vendedor le prohibió darle a las noticias la ojeada habitual. Dijo Walterio que mientras se alejaban, Castro le aseguró: "Tú ves a toda esta gente que no quiere ayudarme, algún día me las van a pagar". Y lo contaba riéndose, y confirmando: "No creas en La historia me absolverá. No hubo programa. ¡Qué programa ni programa! ¡Fue venganza!".

Dije que Walterio fue importante en la historia de la revolución. Y debo agregar que él era conciente de que lo había sido y también de que había perdido esa importancia. Recordaba en una ocasión: "Cuando yo era influyente y la gente me buscaba, vino una vez a verme Miguel Barnet y me dijo, como para halagarme: 'Walterio, usted es el que más sabe de Palo Monte en Cuba'. Y yo le respondí: 'Entre los que escribimos Miguelito, entre los que escribimos'".

Me aseguró que estaba temeroso de que le robaran un libro que estaba escribiendo. Su obra maestra. Un poema que dejaría pequeño a The waste land, de Eliot, su preferido. Ese poema debería demostrar el error de Lydia Cabrera, quien creyó que era "el monte" el locus originario del negro. "El monte no, es la selva. Hay que regresar a la selva. Y así se llama mi poema". No sé si terminó de escribir esa promesa, o si fue apenas el comienzo de su propio mito. Recuerdo haber visto unas páginas; en cada folio cabía apenas un verso, pues el temblor de las manos le hacía dibujar más que escribir las letras.

Cada una de esas letras en grafito era como una palabra. Cada palabra como una estrofa. Cada estrofa como un pájaro que después de haber sido madrugado, se convertía en rímel de una mañana antigua y coqueta. 

URL
http://www.cubaencuentro.com/sociedad/20050413/10035c97c0326d087f31dc9eac62a596.html

Falleció en La Habana el destacado intelectual cubano Walterio Carbonell, RHC, 14/4/08top

La Habana, 14 abr (Granma-RHC) Este domingo falleció en esta capital a los 88 años de edad el destacado intelectual Walterio Carbonell, a consecuencia de un fallo sistémico de sus órganos vitales. 

Durante los últimos años se desempeñó como investigador en la Biblioteca Nacional José Martí. 

A principios de los años sesenta, Walterio escribió un ensayo revelador, Cómo surgió la cultura nacional, reeditado en 2004 por la Biblioteca para inaugurar la colección Bachiller. Sobre la importancia de ese libro, el historiador y ensayista Eliades Acosta afirmó que se trataba "de una de las obras más radicales de la historiografía revolucionaria". 

Tanto en sus tiempos de estudiante en la Universidad de La Habana, como después en París, donde participó activamente en los movimientos de apoyo a la liberación de los pueblos colonizados en África, Walterio mantuvo una postura inclaudicable, íntimamente identificada con la justicia social. No fue casual que desde un primer momento advirtiera en Fidel la cualidad indiscutible para transformar revolucionariamente la realidad cubana.

Sepultado el historiador Walterio Carbonell, AIN 4/15/08top



Sendas ofrendas florales del líder de la Revolución cubana, Fidel Castro, y del presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Raúl Castro, figuraron en el homenaje póstumo al historiador Walterio Carbonell.

La despedida de duelo, en la necrópolis de Colón, estuvo a cargo de Esteban Morales, sociólogo e investigador, quien destacó los radicales aportes realizados por Carbonell a la historiografía revolucionaria. 

Precisó que la importancia capital de su obra radica en que puso, por vez primera, de manera orgánica e integral, el acento en la contribución de la cultura dominada, la de los negros esclavos, en el nacimiento y crecimiento de la nación cubana. 

Al respecto citó al crítico Roberto Zurbano, quien afirma que más que un abordaje riguroso a su objeto de reflexión, el libro de Walterio Carbonell, es uno de los testimonios más singulares e inquietantes de la historia intelectual cubana de la segunda mitad del siglo XX. 

Morales subrayó que la escritura de Walterio Carbonell está viva y en ella tienen los científicos sociales cubanos propuestas actuales para debatir y polemizar. 

También elogió la concepción marxista del destacado historiador, apartada de todo mecanicismo y, dijo que su ensayo "Cómo surgió la cultura nacional" es uno de los más radicales de la historiografía revolucionaria. 

A las honras fúnebres del intelectual cubano asistieron Eliades Acosta, jefe del Departamento de Cultura del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, y Rafael Bernal, viceministro primero de Cultura, entre otras personalidades. 

Fuente AIN 

Falleció Walterio Carbonell, Nuevo Herald, 15/4/08top


Servicios El Nuevo Herald
El ensayista e investigador cubano Walterio Carbonell falleció el pasado domingo en La Habana, a los 88 años.

El diario oficial Granma consignó ayer la muerte de Carbonell ''a consecuencia de un fallo sistémico de sus órganos vitales'', y exaltó su figura porque desde un primer momento supo advertir en Fidel Castro ``la cualidad indiscutible para transformar revolucionariamente la realidad cubana''.

Nacido en 1920 en Jiguaní, antigua provincia de Oriente, Carbonell cursó estudios en la Universidad de La Habana, donde entabló amistad con Castro. En los años 50 ganó una beca en París y allí protagonizó un publicitado incidente al colgar una bandera del Movimiento 26 de Julio en la Torre Eiffel, en vísperas la victoria de los rebeldes en la isla. Tras el triunfo insurreccional de 1959, Carbonell retornó a La Habana y se incorporó activamente en los debates ideológicos y culturales que caracterizaron los primeros años de la revolución castrista.

De formación marxista desde su juventud, era un profundo conocedor de la cultura afrocubana y, especialmente, de los ritos del Palo de Monte.

En 1961 publicó Cómo surgió la cultura nacional, un ensayo de reinterpretación marxista sobre el papel de los esclavos negros en la historia y la sociedad cubanas. El libro --reeditado en el 2006-- desató una andanada de críticas por su visión radical contra las convenciones historiográficas establecidas.

''Africa ha facilitado el triunfo de la transformación social del país. Esto no quiere decir que España haya desaparecido. España se ha africanizado'', sostenía Carbonell como tesis de su polémico ensayo.

La reedición de su único libro se produjo un año después de que se difundiera la falsa noticia de su muerte, en el 2005, lo que provocó una referencia testimonial de su amigo Juan Goytisolo acerca del ostracismo a que Carbonell fue sometido por el régimen castrista.

Carbonell fue designado como embajador en Túnez, pero fue sustituido del puesto por supuestas irregularidades en su conducta, entre las que contaron un accidente automovilístico con víctimas fatales.

En Cuba se le atribuyeron intentos de crear una sección marxista del Black Power y fue enviado a cumplir trabajos forzados en los cortes de caña, a mediados de los años 60.

Desaliñado y aquejado de transtornos nerviosos, en los últimos años se desempeñó como investigador en la Biblioteca Nacional.

Lección y linaje de Walterio Carbonell, 19/4/08

Pedro de la Hoz • La Habana
La Jiribilla, 19/4/08

Como una piedra de rayo, una y otra vez, aparece la figura de Walterio Carbonell (Jiguaní, 1920 –La Habana, 2008) en las lides políticas e intelectuales cubanas del pasado siglo. El anecdotario es abundante, grávido de matices. De naturaleza levantisca y condición cimarrona, no podía esperarse de él una existencia de curso apacible ni una disciplina académica. Más que escribir, vivió, comprometido con las ideas que defendió, con sus luces y sus sombras, con sus yerros y aciertos.

Ello fue resaltado por el sociólogo Esteban Morales, al pronunciar en la habanera Necrópolis de Colón la oración fúnebre en el sepelio, este abril, de tan destacada personalidad de la cultura cubana. “Aquí lo despedimos con todos los honores que merece. Los científicos sociales cubanos tenemos en la obra de Walterio una pauta para reflexionar y polemizar en el futuro”, expresó delante de sus familiares y amigos intelectuales, entre los que se hallaba el historiador Eliades Acosta, jefe del Departamento de Cultura del Comité Central del Partido, quien cuando tuvo a su cargo la dirección de la Biblioteca Nacional José Martí, propició la reedición del imprescindible ensayo de Carbonell, "Cómo surgió la cultura nacional". 

Por su origen de clase y ser negro, Walterio supo orientarse tempranamente en la vida por la rebeldía y el ansia de justicia social. En la década de los 40 del siglo pasado participó en las luchas estudiantiles a su paso por la Universidad de La Habana, donde conoció y trabó estrecha amistad al también joven Fidel Castro. “Desde entonces me hice fidelista y nunca dejaré de serlo”, afirmó más de una vez, convencido de la altura del liderazgo del amigo, llamado a encabezar años después la transformación revolucionaria de la realidad cubana.

Walterio viajó a París en los 50. A su militancia cubana sumó entonces la del Partido Comunista Francés. Allí se relacionó con intelectuales y estudiantes de los países africanos que se hallaban inmersos en las luchas por la descolonización. 

En 1956 participó en el Primer Congreso de Escritores en París, junto al senegalés Leopold Sedar Senghor y el martiniqueño Aimé Cesaire, experiencia que lo marcaría intelectualmente. 

De su carácter explosivo, una anécdota parisina lo retrata: a punto de que triunfara la insurrección popular liderada por Fidel Castro, Walterio tomó en sus manos una bandera rojinegra del Movimiento 26 de Julio y la fijó en lo alto de la Torre Eiffel. 

Regresó a Cuba tras la victoria revolucionaria y participó de lleno en el turbión de aquellos años. Fue periodista del diario Revolución, ejerció la docencia en la antigua Escuela de Periodismo, colaboró con las transformaciones del añejo Ministerio de Estado en el renovado Ministerio de Relaciones Exteriores, asistió como corresponsal de guerra a los combates de Playa Girón y tuvo una efímera experiencia como embajador en Túnez, frustrada por una indisciplina personal. 

En La Habana de los 60 era todo un personaje. Relacionado sentimentalmente con la pintora Clara Morera, la casa de ambos acogió con frecuencias animadas tertulias, a las que asistieron, entre otros, el dramaturgo Abraham Rodríguez, los escritores Tato Quiñones y Reynaldo Arenas, los poetas Pablo Armando Fernández y Delfín Prats y los etnólogos Alberto Pedro y Tomás Fernández Robaina

Durante las dos últimas décadas, Walterio trabajó en la Biblioteca Nacional. Acumuló cientos de fichas para una historia de la racialidad en Cuba que nunca terminó, primero por tratarse de una investigación que por su propio diseño resultó excesiva, y luego, a medida que pasaba el tiempo, por la merma de facultades del intelectual.

Sin embargo, una sola obra bastó para situar a Walterio en un lugar prominente en la historia del pensamiento cubano, la ya mencionada "Cómo surgió la cultura nacional" (1960). Fue escrita al calor de las batallas ideológicas de la época y de los choques por la hegemonía cultural propios de una revolución recién triunfante. 

Sobre ese ensayo, el destacado historiador Jorge Ibarra ha dicho: “El mérito historiográfico principal de Walterio Carbonell radica en haber valorado el aporte del negro a la cultura y a la sociedad cubanas como un fenómeno social total, de acuerdo con la perspectiva de Georges Gurvitch acerca de este tipo de procesos. Hasta entonces la historiografía burguesa había obviado o subvalorado la participación del negro en el quehacer historiográfico nacional. Solo Fernando Ortoz y Elías Entralgo, entre los estudiosos de primera línea, habían hecho justicia a los grupos étnicos preteridos”.

Muchas y entrañables huellas dejó Walterio entre colegas. Pero si hay un juicio que sintetiza su sentido de la lealtad a los principios y de responsabilidad ante el momento histórico que le tocó vivir, es el de Tomás Fernández Ronaina, con quien compartió, además, largos años de trabajo en la Biblioteca: “Yo agradezco a Walterio el haberme hecho comprender más profundamente, con toda su complejidad, nuestro proceso revolucionario; me transmitió de manera sencilla desde nuestros primeros diálogos, el convencimiento de que la solución a las problemáticas de la desigualdad social, económica y racial imperante en el mundo es la vía del socialismo, pero de un socialismo real, democrático, participativo, alejado de todo dogmatismo e intolerancia”.


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