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¿Qué tienen los negros en cuba?
por Pedro Pérez Sarduy

Revista Encuentro de la Cultura Cubana No. 2, 1996

"Tengo, vamos a ver,
que siendo un negro
nadie me puede detener
a la puerta de un dancing o de un bar.
O bien en la carpeta de un hotel
gritarme que no hay pieza,
una mínima pieza y no una pieza colosal,
una pequeña pieza donde yo pueda descansar.
(...)

Fragmento del poema Tengo (1964) de Nicolás Guillén

Cuando llegué a La Habana a finales de mayo último me encontré con la renovada efervescencia de un viejo tópico, hacia el cual los cubanos se aproximan con mucha cautela: el negro en Cuba. A los 72 años, la señora Elvira Cervera, veterana actriz negra acababa de presentar un proyecto teatral en el cual pedía "romper el apartheid que impide al actor negro interpretar personajes de la dramaturgia universal" y propuso "constituir un espectáculo que sirva de marco a los actores (...) para testimoniar, analizar, enjuiciar, denunciar y rechazar la evidente limitación del actor de piel oscura en su intervención profesional en la escena cubana (teatro, cine y televisión)."

Para que no quedaran dudas de que estaba actuando de buena fe, la señora Cervera invocó el sagrado pensamiento del apostol de la patria, José Martí -en el centenario de su caída en combate por la independencia de Cuba del colonialismo español: 'Racismo justo es el derecho del negro a mantener y probar que su color no lo priva de ninguna de las capacidades y derechos de la especie humana... Hombre es más que blanco, más que mulato, más que negro. '

Para el actor Alden Knight, 59, desde que la televisión llegó a Cuba hace 40 años, la imagen que ha proyectado siempre ha sido blanca. A excepción de los primeros diez o quince años a partir de 1959, el negro siempre ha sido caricaturizado. Es más, hoy día se pueden contar con los dedos de una mano, y sobra, los actores negros en la televisión cubana. Conocido, efectivamente en toda la isla por su singular forma de 'decir' la poesía --sobre todo la del fallecido Nicolás Guillén, Poeta Nacional--, Alden Knight dice que de acuerdo a la situación actual, no tiene mucho sentido repetir aquel famoso canto de redención social para el negro cubano que Guillén escribió en 1964: 

" 'Tengo' es la suma de lo que se consiguió en este país para los negros, para los pobres... y que ahora se ha perdido. Yo he sostenido que cuando se diga de nuevo con toda honestidad ese poema, volveremos a recuperar lo que habíamos ganado hasta finales de la década de 1960, que fue una época de pobreza, pero también de igualdad.

"Cuando sostienes que hay discriminación racial en Cuba, te dicen que no. ¡Sí, sí la hay! Si incluso cuando tú llegas a pedir trabajo en cualquiera de estas nuevas empresas que se están formando, te están mirando si eres negro o si eres blanco o si tienes una apariencia buena. Por supueto, la apariencia buena es que te parezcas al blanco; de lo contrario la apariencia es mala. La necesidad de que ahora haya aquí empresarios extranjeros con otros puntos de vistas la estamos asimilando de una manera humillante. Se está perdiendo la proyección de lo que para nosotros es ser cubano. 

"Yo provengo de una familia de jamaicanos: negros, pobres y extranjeros. Discriminados por las tres partes. Además de guajiros. Hoy mi hermano mayor es jefe de economía de una fábrica de implementos agrícolas; mi hermana es directora de una Escuela Secundaria; detrás vengo yo, que me conocen en toda Cuba porque soy actor; luego viene mi hermano que es jefe de los ingenieros eléctricos en una planta de fertilizantes; otro hermano se graduó de médico en 1960 y hoy es un cardiólogo reconocidísimo; y el más pequeño es ingeniero oficial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Este tipo de familia negra yo nunca la he visto representada en la televisión cubana. Una familia que se ha desarrollado a partir de muchos esfuerzos."

Por su parte, la doctora Lilliam Cordiés Jackson, 40, que representa la generación intermedia de negros cubanos profesionales, lamenta la pérdida de los valores familiares y el aumento de conductas antisociales inherentes a la presente crisis, y agrega este tema debiera ser tratado ampliamente por los medios masivos de difusión, especialmente "en momentos en que la grosería y la vulgaridad se han homogeneizado en el país". 

Igualmente se muestra mortificada por la constancia de este tipo de conducta, que no se produce solamente entre los jóvenes. La doctora Cordiés opina que contrario a lo que algunos quieren proyectar, este comportamiento, subrayado por la situación que vive el país en la actualidad, no es patrimonio del negro cubano, "lo que ocurre es que el negro es mayoría y se ve más". 

Como especialista en medicina interna, la doctora Cordiés hace un paréntesis para celebrar los estudios científicos que sobre la hipertensión en los Afronorteamericanos han realizado en EEUU los doctores Savage y Saunders:

"La genética de la hipertención arterial es en este momento, una de las cosas que más se está estudiando. No solamente en el negro, sino en todas las poblaciones, pues se piensa que si se puede modificar el fenómeno genético, se podría mejora la calidad de la vida y sobre todo, dar lugar a otras expectativas. Pero el caso de Cuba es de lo más simpático porque cada vez que presentamos un trabajo de raza en un foro internacional lo que nos dicen es que en Cuba no hay razas puras, porque la Organización Mundial de la Salud (OMS) solamente reconoce tres razas: la caucasoide, la negroide y la asiática. Por eso en este país tú te encuentras gente rubia, pero demográficamente es negra".

La doctora Cordiés y sus hermanas -tres médicos y una filóloga, especializada en Africa-, son conocidas desde pequeñas como "las hijas de Lilliam y Juan Emilio". La doctora Cordiés revive la presencia de sus padres cuando evoca su memoria:

" Mi padre era el centro intelectual de la familia, pero mi madre era el centro material". 

Nacidas y criadas en Santiago de Cuba, la segunda y más caribeña ciudad del país -conocida por su rebeldía, hospitalidad y heroismo además de por su mayoritaria población negra-, las hijas de Lilliam y Juan Emilio recibieron de sus padres, además del constante amor familiar la desvelada preocupación de sus padres por la independencia y superación cultural:

"El negro sabía que una de las formas que él tenía para enfrentar la discriminación era imponer su conocimiento. Mi padre fue un médico negro. Era el africano típico, parecía un zulú, alto, grande, corpulento, de andar pausado y voz perseverante. Ese era mi padre. Intelectualmente era un hombre superior (...) En aquellos tiempos el negro en Cuba tenía sociedades donde se reunía y se discriminaba al negro que no sabía, no al negro que no tenía. Cualquiera podía ir al Club Aponte*, pero allí no podía ir el negro que no supiera mantener una conversación (...) y eso se ha modificado, es otra generación, son otras motivaciones, otros intereses, otro tipo de vida (...) la gente ha hecho mini-sociedades, aunque en Santiago de Cuba todavía perdura cierto sentido de la familia, donde la figura del más anciano es la más importante en la familia, quizás rememorando a nuestros ancestros africanos (...) por eso digo que esa pérdida de los valores no se da únicamente en el negro (...); el país se ha dado cuenta y se están tomando una serie de medidas para resolver eso, pero va a ser difícil. Son dos generaciones que han nacido con esa desafortunada manera de ser. Hay que hacer muchos esfuerzos para rescatar la educación formal." 

 

Malcolm X and Reynaldo Peñalver
Hotel Theresa, Harlem, August, 1960
Bohemia's magazine archives

Reynaldo Peñalver Moral, 70, periodista retirado, jugó un papel destacado en el movimiento de las organizaciones sociales de los negros cubanos en los asuntos de la discriminación racial en la Cuba pre-revolucionaria:

"Había una revista de corte intelectual llamada Nuevos Rumbos, que trataba la problemática del negro en Cuba, pero yo quería publicar otra más popular que llegara a los estratos desfavorecidos. Es así que logré sacar la revista Sociales. A partir de entonces me di cuenta que el periodismo era mi carrera". 

Convencido de que la situación del negro en Cuba tendría que cambiar algún día, el joven Reynaldo se hizo periodista en contra de la voluntad de su padre. Para ejercer la profesión debía, primero, estudiar y colegiarse, por eso decide ingresar en la escuela de periodismo Manuel Márquez Sterling, "muy racista y clasista". 

"Tenías que ser blanco o hijo o pariente de alguien influyente. Los exámenes eran escritos y orales. Podías salir brillantemente en el escrito pero tenías que pararte frente a cuatro o cinco profesores blancos y responder a sus caprichosas preguntas. Cuando me gradué estuve trabajando durante mucho tiempo para un periodista llamado Jorge Yanis Pujols que me pagaba cinco pesos a la semana para que yo le escribiera crónicas que se publicaban bajo su nombre. El mismo periódico en que aparecían esas crónicas, nunca quiso aceptarme en su nómina."

El triunfo de la Revolución por fin le trajo a muchos Reynaldos un poco de esperanza. Después de 1959 comienza a trabajar en la agencia noticiosa estatal de noticias Prensa Latina. Siempre con la idea de ayudar a su gente negra, aprovecha la oportunidad de la visita de un grupo de negros empresarios de EE. UU. que viajó a la isla a conocer la "verdad de Cuba" y se entrevista con el director del periódico Muhammad Speaks, (Habla Muhammad) quién le habla de Malcolm X y de los musulmanes negros.

Con anterioridad a su primer viaje a EE. UU. en 1957, Reynaldo ya se mantenía al tanto de la lucha por los derechos civiles del negro norteamericano a través de sus revistas y periódicos:

"Yo recibía EBONY, The Chicago Defender y The People's Courrier... No sé si estos dos últimos se siguen publicando."

En 1960 vuelve a New York para cubrir la histórica visita del entonces Primer Ministro Fidel Castro a la ONU, ocasión en la cual ambos conocen a Malcolm X: "El pensaba de que yo era un West Indian (...) que Cuba era una isla de blancos nada más. Yo le explico a Malcolm X que la mitad de la población cubana era negra y mestiza, que la mezcla era tremenda. Y se entusiasma mucho. Es así que conoce al comandante Juan Almeida que posteriormente se une a la delegación cubana. Durante mi encuentro con Malcolm X, él me sugiere constituir en Cuba una rama de los musulmanes negros, yo le respondo que Cuba tiene su propia identidad religiosa con fuerte influencia africana. Me habla también de sustituir las grandes empresas nacionalizadas en Cuba, como Sears y Woolworth [que no empleaban negros] por otras que fueran propiedad de afronorteamericanos y negros cubanos. En fin, que en vez de yo entrevistar a Malcolm X, él fue quién me entrevistó a mí. Nunca me olvidaré de aquello que me dijo, que Fidel tenía que cuidarse de los blancos, que los blancos eran 'diablos'. Yo le conté de un incidente que había ocurrido en la ciudad de Santa Clara, cuando se intervinieron los clubes privados y circularon rumores racistas acerca de las aspiraciones de los negros y que Fidel dijo bien claro que aquí cualquiera podía bailar con quién quisiera, porque lo que había era que bailar con la Revolución." Los que comprendieron el mensaje iniciaron el éxodo.

Fue así que Reynaldo habla con uno de los ayudantes de Fidel para que concertara una entrevista con Malcolm X, encuentro que se efectuó en el mismo Hotel Theresa donde fue a hospedarse la delegación cubana y del cual quedó un valioso testimonio gracias a que un fotógrafo amigo de Malcolm se encontraba en el lugar preciso en el momento preciso. Esas fotos estuvieron sin publicarse durante largo tiempo. "Al parecer en los EE. UU. había muchos que no querían que esas fotos se conocieran."

Sentado en el balcón de mi habitación en hotel frente al mar, Reynaldo me contaba estas historias con la nostalgia reflejada en sus palabras y en el brillo de sus ojos:

"En estos momentos necesitamos mucho de ese acercamiento con nuestros hermanos y hermanas afronorteamericanos." 

Aquella tarde, Alfredo Martínez también había participado de nuestras reflexiones. Quince años más joven que su amigo periodista, Alfredo era otro que se había beneficiado con las bondades que la Revolución había ofrecido en sus inicios al implementar un amplio programa de educación gratuita generalizada. Aunque obtuvo su licenciatura en Artes, al principio optó por el trabajo administrativo en la radio estatal, pero muy pronto dejó el trabajo burocrático para dedicarse al mundo del espectáculo.

Alfredo es categórico cuando señala que no cree que para resolver el problema racial en Cuba se deba imponer una política de acción afirmativa. Al igual que Reynaldo, él también quisiera ver la presencia afronorteamericana en la nueva apertura inversionista que Cuba está poniendo en práctica --por supuesto, una vez levantado el embargo--, no obstante, el ahora cantante y compositor de boleros, dice que si la comunidad empresarial afronorteamericana se decidiera a invertir en Cuba, quisiera que no ocurriera lo que ya se observa en la industria turística: 

"Hay hoteles aquí en La Habana donde no ves un solo negro. Ni en el lobby ni fuera del lobby, ni limpiando el piso. Y hay empresas cubanas donde hay prejuicios, donde hay racismo. Y eso hay que superarlo y los que tienen la mala 'maña' [costumbre] de seguir con el prejuicio y poner al blanquito... No, no, vamos a poner al cubano, al que tenga capacidad, por oposición, que haya un balance, porque la revolución ha propiciado la apertura en favor del desarrollo cultural de toda la gente."

Partiendo de estas reflexiones se observan tres corrientes de pensamiento a las que tienden a concurren tanto académicos y políticos, activistas y diletantes, cubanos y extranjeros, negros o blancos, amigos y enemigos de Cuba, en resumidas cuentas, todos mezclados, como los cubanos mismos.

La primera de estas tres corrientes afirma que el problema racial es un legado del pasado, anterior a 1959 y resuelto posteriormente. La segunda coincide con la anterior en que, efectivamente, el problema racial es un legado del pasado, pero argumenta que la revolución ha sido incapaz de resolverlo y que, por el contrario, lo ha exacerbado y que, en última instancia, fracasó en darle solución al conflicto. La tercera reconoce el impacto positivo de la revolución pero señala que la Cuba pre-revolucionaria ya había abierto el camino para el avance de los negros y que ya se encaminaba hacia la integración.

Sin embargo, existe una cuarta interpretación, síntesis de algunas de las anteriores, que reconoce que Cuba ya era un país racista antes de 1959 y que el impacto de la revolución fue contundente en el cambio de las relaciones raciales, erradicando así las mayores desigualdades; pero, al mismo tiempo, destaca la persistencia y el resurgimiento de ciertas tendencias racistas y discriminatorias, que se manifiestan a veces de manera sutil y en otras ocasiones francamente descarnadas, una práctica que nuevametne ha dejado ver su feo rostro. 

Para la periodista y escritora Marta Rojas, 64, esto es el resultado de varias fuerzas que han conspirando al unísono, incluyendo la ideología heredada de la sacarocracia colonial española del siglo XIX y de las limitaciones de la política socialista/comunista del siglo XX que fueron implementadas a lo largo del período posterior al triunfo de la Revolución: 

"Había un privilegio que estaba dado por una cédula Real de Carlos IV que se llamó 'Gracias al Sacar' de 1795 que en uno de sus artículos dispensaba por una suma de dinero de la calidad de pardo, cuarterón o quinterón al solicitante. Si un padre español quería prebendar a su hijo tenido con una negra, una mulata o con una india, y darle la calidad de blanco, le compraba los papeles y legalmente era blanco, aunque fuera del color de nosotros (...). Contrario a los anglosajones, en estas zonas de acá de las colonias hispanas, por una gota de sangre de blanco, ya eres más blanco que negro." 

Según Marta Rojas, este es el origen del blanqueamiento en las antiguas colonias españolas del Nuevo Mundo y por supuesto, Cuba, al igual que Santo Domingo, Venezuela o Colombia no escapa a este trauma que la escritora ha escogido como tema principal de su segunda novela, titulada precisamente, Papeles de Blanco o la Santa Lujuria.

"Por ejemplo, en la Cuba revolucionaria, cuando se realiza el censo o se elabora el carnet de identidad, el enumerador te mira... y si dices blanco, él o ella pone blanco, y ni averigua si la madre es una negra o una mulata. Ahora los papeles de blanco no hay que comprarlos, es a gusto del consumidor. Yo creo que esa anomalía no se va a corregir nunca, porque ya forma parte de la cultura de la América hispana. ¡Yo no considero en Cuba a nadie blanco!"

Para los más jóvenes como Mercedes Pérez-Armenteros, Responsable Regional de Servicios Comunitarios, estos problemas no le son tan ajenos. Ella nació en Santa Clara en 1962, un mes antes de la Crisis de Octubre, aquel escalofriante acontecimiento protagonizado por EE.UU., la desaprecida URSS y Cuba, que puso al mundo al borde de una conflagración nuclear. Sin haber cumplido sus primeros tres años vida, aquella niña no presenció, como sus padres, cuando una multitud de ciudadanos de todas las edades y en su mayoría negros y mulatos, al frente de la cual iba un grupo multirracial de jóvenes 'barbudos' recién llegados de las sierras, irrumpiera en el Parque Vidal y con justificada furia derribara los canteros que habían servido de barreras entre blancos, negros y mulatos.

"Desde hace cinco años trabajo como cuadro profesional en los Comité de Defensa de la Revolución (CDR), hoy día una especie de Organismo No-Gubernamental (ONG). Un vuelco general en esta organización". 

Muy atenta a la hermosa negrura de su piel y a los celos que provoca su posición profesional, para Mercedes su trabajo es lo principal. Sin distinción de grupos raciales, pero prestando mayor atención a los sectores más pobres, no sé de dónde Mercedes saca esa mezcla de talento y dedicación para atender los problemas de salud, economía y servicios en Santa Clara y el resto de la provincia de Villaclara. 

"Antes los CDR se ocupaban casi exclusivamente de la vigilancia revolucionaria. Hoy nos ocupamos de eso también, pero ponemos mucho más énfasis en las preocupaciones de la gente ordinaria del barrio, de las comunidades. Mi horario de trabajo es abierto. Empezamos un lunes y terminamos el domingo y así continuamos con el lunes siguiente. Es un trabajo duro, pero tiene su recompensa, sobre todo en tiempos difíciles como éstos. Yo no pudiera hacer esta labor si no fuera por mi mamá que me atiende al niño y mis hermanos que también me ayudan mucho. Desde hace cinco meses no tengo un fin de semana que sea respetado, y todo por la necesidad que hay."

Víctor Aguilera-Noriega, nació también en 1962. Especialista en café, él es uno de los pocos negros que ocupa una posición de ejecutivo en el departamento comercial de la empresa estatal, CUBAEXPORT. Al igual que el resto de los entrevistados, para Víctor también "el negro cubano ha logrado muchas libertades y derechos con el triunfo de la Revolución. Nadie, por muy racista que sea lo puede negar. Mi padre, abogado y mi madre enfermera, alcanzaron más que muchos otros, pero ni ellos mismos niegan lo que el negro ha logrado con la Revolución. Yo solamente tuve que dedicarme a estudiar y a desarrollarme como individuo para poder alcanzar lo que he obtenido. Mi padre no. Mi padre para llegar a ser universitario tuvo que hacer miles de cosas, desde trabajar muy duro para pagar la carrera, hasta vincularse a la universidad masónica, a personas blancas y demostrarles fidelidad para que lo pudieran promover."

Entonces, ¿qué está ocurriendo en Cuba? Cuán lejos o cercana está la mayor de las islas antillanas, a sólo 90 millas de las costas de la Florida, del concepto de democracia racial? A lo largo de su historia los cubanos han sido protagonistas de una serie de divisiones raciales --primero, debido a la colonización española y la esclavitud de los negros africanos; luego, a finales del siglo XIX, por la importación de mano de obra barata china y, durante las primeras décadas del siglo, de la proveniente de otras islas antillanas, y por la copia de la segregación al estilo sureño norteamericano en algunas regiones de la isla, como el norte de las antiguas provincias de Camagüey y de Oriente.

La actual población de la isla se calcula que está compuesta por una tercera parte de blancos, una tercera de negros y otra tercera mezclada. La lucha de reivindicación racial de los negros ha sido larga, sin excluir la confrontación armada de 1912 que enfrentó a los partidarios negros de Evaristo Estenóz y Pedro Ivonet con las fuerzas armadas del presidente de la República, general José Miguel Gómez.. En 1959 la Revolución dio pasos osados para eliminar el racismo institucionalizado. Fue aquí cuando se implementaron amplios programas de redistribución para las capas más desposeídas, especialmente en lo concerniente a la educación y la salud. Hoy Cuba obstenta uno de los más bajos índices de mortalidad infantil del mundo (9.3 por cada mil nacidos vivos) con una esperanza de vida de 75 años.

Los afrocubanos son gentes "bien leídas y escribidas", como dicen los negros viejos. Hemos obtenido títulos en profesiones que antes de 1960 nos estaban proscritas de hecho. Por ejemplo, cuando matriculé por primera vez la carrera de Lengua y Literatura Clásicas en la Universidad Central de Las Villas, en mi ciudad natal de Santa Clara, resulté el único estudiante negro en mi curso. Hemos alcanzado igualmente un nuevo sentido de dignidad y orgullo del cual no nos será fácil renunciar. Encima de todo ello, la Revolución cubana, con todos sus defectos nunca ha estado divorciada del discurso y del simbolismo africanos. Cuba, que nunca ha perdido su sentido surrealista antillano por la vida, está hoy día mucho más orgullosa de sus raíces africanas que hace 37 años, y se muestra como una celosa guardiana de su legado cultural.
 
Sin embargo, con todo ello, no debe suponerse que el racismo en todas sus manifestaciones haya sido eliminado, y mucho menos en lo personal y social así como en lo concerniente a las relaciones culturales. Debido a la presente crisis en Cuba --en parte por motivos internos, pero en gran medida debido a los agudos efectos del descalabro de los aliados del Este europeo a partir de 1989 y del endurecimiento del embargo y las hostilidades por parte de los EE. UU. --el racismo ha brotado nuevamente en diversas formas. Pienso que al paso de todos estos años, los cubanos no hemos sabido cómo romper el paradigma blanco y que, por consiguiente, es menester que nosotros, los intelectuales cubanos negros brindemos mucha más atención a este fenómeno. Quizás, igual que ocurre con los brasileños que están atrapados en las mismas incertidumbres, nosotros los cubanos hemos sido demasiado cautelosos, por no decir temerosos, en lo que se refiere al impacto que la composición racial pueda ejercer en nuestra nacion [alismo] alidad. 

En este sentido, me viene a la mente la siguiente reflexión del cineasta Rigoberto López, 49, quién asume parte de responsabilidad al reconocer que de manera "consciente o inconsciente Cuba no ha querido asumir la posición del negro como identidad en lo que van de estas últimas décadas y siempre lo hemos visto [en el cine y la televisión] referido al siglo XVIII y XIX. Hemos acordado que hasta allá está bien tocar la presencia del negro en Cuba, con lo cual uno se exime de tener que abordar los conflictos del negro en una sociedad que nos es mucho más cercana y que por lo tanto nos involucra a todos de una manera o de otra."

Y aún así no somos capaces de atravesar ese puente cultural entre España y Africa, a pesar de toda la música afrocubana que va desde el desaparecido compositor Ernesto Lecuona (1895-1963), hasta Mi Tierra, ese cubanísimo himno dedicado a la mezcla de Cuba, intepretado por cubana-miamense Gloria Stefan, la llamada "reina del pop-latino" (significativamente ambos músicos de ascendencia hispana).

Para el estado en el cual se encuentran las relaciones raciales en casi todos los países del mundo, el caso de Cuba no es el más alarmante, aunque no sería sensato postergar más su atención, a riesgo de exacerbar una repetición de los acontecimientos ocurridos en la capital en 1994, cuando en el intenso verano de aquel agosto tuvo lugar frente al malecón habanero, en la barriada de Centro Habana, lo que la prensa internacional describiera como "la mayor protesta antigubernamental en los 35 años de régimen revolucionario". Aquellos acontecimientos fueron eslabones de una serie de secuestros de embarcaciones estatales por parte de ciudadanos cubanos que querían escapar hacia los Estados Unidos. Aquella frustrada multitud la emprendió a pedradas contra varias tiendas que venden sus productos solamente en dólares, ubicadas en medio de una zona marginal densamente poblada por familias de todas las razas, pero predominantemente negras. Era una señal de aviso. 

En 1966 Fidel Castro declaró que la discriminación racial desaparecería cuando desaparecieran los privilegios de clase. Si tomamos lo anterior como punto de partida, podemos concluir que en los últimos cinco años tales privilegios se han regenerado con una extraña alianza de materia prima nacional y componentes extranjeros. El diálogo entre los cubanos de la isla (aproximadamente 11 millones) y los de fuera (unos dos millones, principalmente en los Estados Unidos y España) ha logrado acercar parientes y amigos que han aportado importantes remesas de divisas al país. Esto ha favorecido principalmente a los cubanos blancos en la isla, ya que cerca del 95% de los cubanos que viven en el exterior son codificados como blancos. En la década de 1990, la apertura a la inversión extranjera europea es palpable, revitalizándose sobre todo la presencia española en la isla. Lo anterior vino aparejado con el turismo, creando enclaves donde las transacciones se realizan solamente en dólares, en momentos en que la economía interna es precaria. Ahora se ha destapado un nuevo trasiego, el del sexo, una parodia de los viejos tiempos, debido a que los turistas extranjeros, españoles en su mayoría, que viajan solos a Cuba, van a la pesca de jóvenes mujeres, sobre todo de piel oscura que se buscan la vida de esta forma.

Fue entre 1989 y 1993 que la economía cubana descendió extraordinariamente hasta alrededor del 50%. Es solamente ahora, al cierre de 1995 que se observan ligeros síntomas de recuperación. Existe un cauteloso optimismo sobre un futuro que pueda salvaguardar los elementos de justicia social que surgieron con la Revolución. Esta esperanza estaría vinculada a la normalización de las relaciones con los Estados Unidos y el consiguiente levantamiento del embargo, siempre y cuando los cubanos de la isla estén fuera del alcance de las venganzas políticas que pudieran albergar algunos exiliados cubanos. Y esto es fundamental para los negros cubanos dado el tinte racista de los grupos de ultra-derecha blanca de Miami.

¡No es fácil! Es la frase que con mayor frecuencia se escucha en estos días en labios de los cubanos de la isla. Para los negros cubanos, al igual que para los de la diáspora, ciertamente tampoco ha sido fácil durante los últimos siglos. Sin embargo, tanto ahora como antes, los negros cubanos armados de todo nuestro bagaje cultural, no volveremos al barracón. 

Me gustaría concluir con las savias palabras del maestro Manuel Mendive, 51, cuya obra plástica dedicada a enaltecer la herencia africana entre los cubanos, es reconocida nacional e internacionalmente:
"La cultura Afrocubana está virgen aún y se puede hacer mucho, mucho más. Mi obra es parte de la luz, o quizás toda la luz que tiene la Isla. Y el pueblo ilumina también la tierra, esta tierra de este mundo mágico que es el mundo que me acompaña, este mundo de sueños y realidades que nos hace fácil y comprender cosas difíciles de la vida.'

Revista Encuentro de la Cultura Cubana No. 2
Otoño 1996 -900ptas

  

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Cuba: Race & Idenity News

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