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Tomás González Pérez
1938 - 2008 
Artist, singer, actor, poet, writer, professor

Tomás González passed on to the ancestors, Sunday April 13, 2008 at 2PM.

Tomás González was a prolific creative figure in AfroCuban culture and we are honored to present some of his materials via the menu at left. He was based out of Las Palmas, Canary Islands, Spain but as of 2008, he moved back to Havana. Among other works,  he was known as the script writer for Sara Gomez' De Cierta Manera and Tomás Gutiérrez Alea's La Ultima Cena.  He was theatrical advisor to the Conjunto Folklorico Nacional.

His last book was Cover for El bello arte de ser y otras obras, 9/05

Tomás Gonzalez Pérez, below at left, at the launch party for the book. From his left are Carmen Márquez, who presented the book, Jorge Liria (Anroart Ediciones), and Laureano G. (Director of the Club de Prensa Canaria).







Tomas at book party.

 

Biographical Entry in Ecuredup.gif (925 bytes)

This entry omits the racist persecution of Tomas throughout his career, including during the Quinquenio Gris as well as his subsequent exile, which is described in this biographical note: Levitar en Santa Clara 4/18/2008 Cuba Encuentro

Tomás González Pérez

Nació en Santa Clara el 29 de diciembre de 1938. Su infancia, adolescencia y parte de su juventud transcurren en la capital de la antigua provincia de Las Villas. Allí estudió magisterio, bachillerato, artes plásticas y actuación.

Trayectoria artística

Se dedicará al canto en cabaret, teatro y radio con su agrupación musical los Tommy Rockets. Al triunfo de la revolución cubana funda el Teatro Experimental de Las Villas. Obtiene el Premio de Teatro Rural del Teatro Nacional de Cuba y con ello consigue una beca para realizar estudios en el Seminario de Dramaturgia bajo la dirección del dramaturgo argentino Osvaldo Dragún. Allí sería alumno del propio director de dicha entidad, así como de la dramaturga mexicana Luisa Josefina Hernández; del director teatral uruguayo Ugo Ulive; de María Teresa Linares, Isaac Barreal, Odilio Urfé, Argeliers León, Teodoro Díaz Fabelo, Rogelio Martínez Furé, Miguel Barnet, Manuel Moreno Fraginals, Alejo Carpentier, Cintio Vitier, Roberto Fernández Retamar, Rolando Ferrer, Irene Campodónico, Adolfo de Luís y otros muchos profesores.

En 1965, realiza trabajos como profesor de actuación en la danza, composición y diseño corporal en el tiempo y el espacio, en la Escuela de Danza Moderna y Folklore de la Escuela Nacional de Arte. Ese mismo año entra a trabajar como Dramaturgo Jefe del Departamento de Dibujos Animados del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC) donde, además de realizar numerosos guiones (Osain, El Poeta y La Muñeca, La Frontera, Ebboguonú, El Elefante, etc...), da un Curso de Teoría Dramática. Durante mucho tiempo imparte Seminarios de Dramaturgia, Actuación y Diseño Corporal para los Instructores de Arte de toda la isla.

En 1968, es uno de los fundadores de la significativa experiencia teatral que fuera el Grupo Los Doce, con Ada Nocetti, Flora Lawten, José Antonio Rodríguez, Carlos Ruíz de la Tejera, René Ariza, Julio Gómez, Óscar Álvarez, Roberto Gacio, Roberto Cabrera, Carlos Pérez Peña, Vicente Revuelta, Aramís Delgado.

Un poco más tarde, escribe los guiones cinematográficos: De cierta manera, de Sara Gómez, y La última cena, de Tomás Gutiérrez Alea.

En 1984, se gradúa como Licenciado en Dramaturgia y Teatrología en el Instituto Superior de Arte de Cuba, donde su tesis teatral Delirios y visiones de José Jacinto Milanés, le da la máxima clasificación y, un poco más tarde, obtiene con esta obra el Premio de la Literatura de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en el género de Teatro.

Después de algunos años de trabajar como cantante y compositor, regresa de nuevo al teatro con el estreno de su obra teatral Los juegos de la trastienda con gran éxito de público y de crítica y que le valiera el Premio a la Mejor Obra Teatral en un acto del Café Teatro Bertolt Brecht.

Ha sido Profesor Titular adjunto del Instituto Superior de Arte de Cuba.

Crea y desarrolla, durante años, sus teorías y prácticas de Actuación Trascendente y Danza Oráculo en un Taller Permanente en la sede del Conjunto Folklórico Nacional de Cuba del que fuera su Asesor Teatral, impartiendo cursos y talleres internacionales. Con la cantera de actores formados en su metodología crea el grupo teatral Teatro 5.

Muchos de los actores por él formado, sus puestas en escena y sus textos, fueron llevados al Festival del Monólogo de La Habana, siendo merecedores de muchos premios.

En 1993 es llamado por la Escuela Internacional de Teatro de América Latina y El Caribe (EITALC), para que como pedagogo imparta un Taller Internacional de Actuación Trascendente, en la comunidad de Machurrucutu (provincia de La Habana), dirigido a actores y directores de teatro de toda la América Latina, Estados Unidos y Europa.

En Las Palmas de Gran Canaria realizó un Taller Internacional de Actuación Trascendente en la ciudad de Santa Mª de Guía; asimismo, en el Centro Atlántico de Arte Moderno, impartió una conferencia con el título “La teatralidad en los Orishas en el Folklore Afrocubano”.

En 1997, es invitado al Festival Internacional de Teatro de Valladolid donde imparte un Seminario sobre Actuación Trascendente. Participó como director artístico, guionista y compositor en la Bienal de Flamenco de Sevilla con el Ballet de María Serrano.

Desarrolló numerosos proyectos para cine y seriales.

Participación en festivales

Ha participado con sus trabajos en diversos Festivales Internacionales, entre ellos, el Festival de Otoño de Madrid, el Festival de Cádiz, el Festival de Río, el Festival de Sao Paulo, el Festival de Portugal, el Festival de Valladolid, el Festival de Molina de Segura y otros más.

Labor como pintor

Como pintor ha realizado exposiciones personales en Santa Clara, La Habana (en la sede del Conjunto Folklórico Nacional de Cuba), en Martinica y en Las Palmas de Gran Canaria (Colegio de Aparejadores y Arquitectos Técnicos, Club de Prensa Canaria, Babón Bellas Artes y Centro de Iniciativas de la Caja de Canarias).

 

When Theodoro Dies, Miami, 9/23/06 - 10/15/06, a play by Tomás Gonzalez up.gif (925 bytes)

Tomas González's "When Teodoro Dies"  9/16/2006 FUNDARTE: a play by Tomás Gonzalez offered in Miami, 9/23/06 - 10/15/06 - "A one-woman play that since its opening in Havana in 1992 has participated in over 20 theater festivals worldwide and achieved innumerable awards and distinctions. Vivian Acosta’s masterful improvisations take on a life of their own, enabling a direct and tight communication with her performing-public. Synopsis: Nicolasa, an old spiritual woman from an unknown corner of Havana that decides to open up her animated grave among songs, prayers, dances… where streams of her consciousness take her to reexamine what has been her frustrated life with her abusive husband Teodoro. And she yearns for his death so she can…"

Espectáculo unipersonal que desde su estreno en La Habana en 1992 ha participado en más de 20 Festivales Internacionales de teatro, recopilando innumerables premios y distinciones. Vivian Acosta se sirve de la improvisación que corre por su cuenta, logrando una comunicación estrecha y directa con el público-actuante.

Sinopsis: Nicolasa, vieja espirista de algún rincón de La Habana, se dispone a abrir su bóveda espiritual, entre canciones, rezos, bailes... Pero corrientes de su pensamiento la llevan a repasar lo que ha sido su frustrada vida al lado de su marido, Teodoro, que la maltrata... Y ella le desea la muerte para...

www.fundarte.us/cuandoteodoro.html

 

La realidad mágica de un teatrista, El Nuevo Herald, 8/31/06up.gif (925 bytes)

NORMA NIURKA

INTRO: Soy sencillamente un hombre que, obligado por la carencia, ha tenido que crearse todo un mundo
Tomás González.

Es un creador fuera de lo común que vive desde hace unos años en Las Palmas de Gran Canaria. Por amor a una canaria dejó una isla por otra y, aunque realizó un trabajo de avanzada en el teatro cubano, es casi un desconocido entre sus coterráneos del Sur de la Florida.

En su biografía coexisten recursos ilimitados en las artes, desde sus inicios como cantante en el grupo de Santa Clara, hasta una definición teatral de vanguardia. Poeta, actor, director de teatro, dramaturgo, profesor, González es un teórico que ha llevado a la práctica sus teorías con la creación de un método. Entre sus publicaciones se encuentran El bello arte de ser y otras obras (1995) y Esperando a Júbilo (2005).

Me asombra su capacidad artística para tan diversas disciplinas y la manera en que las interrelaciona en su trabajo. ¿Es Tomás González un actor que escribe, un cantante que actúa, un profesor que aprende, un visionario que busca?

''Soy sencillamente un hombre que, obligado por la carencia, ha tenido que crearse todo un mundo'', responde González. ``Yo no tenía juguetes y me los tuve que inventar. He vivido dentro de una realidad mágica''.

Un teatro que exhibía películas no comerciales de alta calidad y presentaba compañías teatrales de la época, situado junto a la casa donde nació en 1939 en Santa Clara, estimuló su creatividad desde pequeño y definió sus metas.

''La comedia musical norteamericana me enseñó que un artista tenía que saber actuar, bailar y cantar'', explica. ``Mis juegos eran cantar en un idioma inventado, bailar con una música que yo producía con mi boca, establecía diálogos conmigo mismo haciendo diversos personajes''.

Un tío suyo que interpretaba al ''negrito'' del teatro vernáculo en el Circo La Rosa también influyó en su vocación actoral.

González es creador del Método de Actuación Trascendente y de la Danza Oráculo, que tiene su raíz en el espiritismo y la afrocubanía, y en las búsquedas de Artaud, Brook y Grotowsky relacionadas con las investigaciones de Gurdjeff.

Esa conexión de González con el ritual proviene de su temprano encuentro con el espiritismo.

''He vivido rodeado de una bella magia negra'', refiere. 'Mi madre, que era negra, no creía en nada; pero mi padre, un blanco con ojos azules, sí que creía. Pero no tenía ni videncia ni mediunidad, aunque era el presidente del Centro Espiritista Unión Universal. Durante años asistí como espectador de aquella especie de teatro, porque para mí `la montadura' o 'bajada' de un espíritu o un santo era lo mismo que la caracterización stanislavskiana en el teatro''.

Fue en el Grupo Los Doce, cuyos integrantes eran disidentes del teatro oficial cubano, donde González tuvo oportunidad de poner a prueba su método con ejercicios especiales. El movimiento teatral cubano es digno de admiración para González: ``Nuestro país, a pesar de los disparates ideológicos que le acechan y los que el propio sistema genera, es un país culto. Allí se lee, se llenan los teatros y los cines, las gentes tienen una opinión acerca de lo que ven en escena o en una pantalla''.

Muy pronto veremos en Miami a dos de sus discípulos más destacados, Vivian Acosta y José González, directores de la compañía Galiano 108, fundada en 1990, quienes presentarán Cuando Teodoro se muera, de Tomás González, en el café-teatro Kimbara Cumbara. Ya que Galiano 108 sigue los postulados del método de González, pudiera ser que la puesta en escena sea una muestra precisa del universo de este teatrista sui generis que hoy día, frente a su ventana en Las Palmas, observa el paisaje y piensa en otra isla lejana del Caribe.


'Cuando Teodoro se muera', de Tomás González, producido por FUNDarte, se presentará los fines de semana, desde el 23 de septiembre hasta el 14 de octubre, en el café-teatro Kimbara Cumbara, 1644 SW 8 Street. Reservaciones: (305) 642-8822.

 

Cover for El bello arte de ser y otras obras, 9/05up.gif (925 bytes)

Esperando a Júbilo, script fragment, 6/05top

Esta mujer es vieja; pero reanimada por el maquillaje se balancea en un sillón de espaldar alto. Habla consigo misma y con su invisible marido.

ELLA: (Meciéndose en el sillón.) Y sin que uno se lo proponga, llega el momento en que te sientas a esperar. Pero no te sientas en una silla; sino en una comadrita. Y te meces, y te meces hasta la eternidad. (Sonríe.) Sólo que la eternidad está frente a ti. Da lo mismo que estés frente a la pared, que estés ante el cuadro familiar o un paisaje. En una pared una ejecuta todos sus recuerdos. Uno a uno va pasando tanto los buenos como los malos recuerdos. Hay algunos recuerdos que se resisten a morir. No mueren con una carga, y a veces ni con dos. Entonces no nos queda más remedio que apelar al tiro de gracia. Pero el alma no se nos alivia, porque el cadáver de un recuerdo, no se corrompe ni lo destruye el fuego. Matar un recuerdo es como matar un sueño. Un recuerdo no tiene cuerpo material. Un recuerdo es como música. Una música que no la ejecuta nadie; pero que se quedó prendida a las paredes… (Pausa.) Por eso cuando pasa un vecino que nos ve mirando al vacío y nos pregunta: “¿Qué tal?”. No tenemos nada más que una sola respuesta: “¡Aquí fusilando los recuerdos!” (Pausa.) Y ¿a dónde uno va a parar con todo eso? (Se responde.) Hay que entretenerse, ¿no? La espera… ¿Qué esperamos? (Pausa.) Un milagro. Es mentira decir que lo que estamos esperando es la muerte. Porque cuando uno espera, espera con el corazón que es lo que se pone en juego. Y cuando uno espera con el corazón sólo espera un milagro. El milagro es aquella condescendencia que esperamos del destino. La comadrita es como un transporte que te lleva de recorrido por el paisaje inverosímil de nuestra propia historia. Pa’lante y pa’tras. Es un viaje como la vida misma, llena de los leves resplandores de un momento, y de ocasos definitivos. Ahora que nuestro tiempo se consume en darnos sillón, hasta que suelte el fondo, nuestra vida no ha sido sólo desamparo. ¡Ay, papi, después de todo, no hay que quejarse! Nuestra vida ha sido algo que nunca hubiéramos podido imaginar. Nuestro milagro no esta como reparación al final del cuento. Vivimos a lo grande, a pesar de la incertidumbre reinante. Sí, hemos pasado tanto, y entre lo tanto, hemos pasado de todo. (Se detiene al descubrir la desaprobación del invisible marido.) Pero, papi, no te pongas bravo. Si te pones así pierdo la coherencia. De repente ya no sé quién soy ni donde vivo. (Pausa.) Papi, ¿por qué se me olvidan las cosas? No encuentro la palabra adecuada. Cuando tengo sed, no sé con qué se calma. El olvido me persigue. Es despiadado. Avanza día a día. No va detrás de mí; sino delante. Ocupa la zona a la que aún no he llegado. Borra cualquier evidencia de lo que ha sido mi existencia. Todo el mundo cree que somos nosotros quienes generamos olvido, cuando el propio olvido es el que se instala en todas las cosas, en las cotidianas, en las más familiares. (Pausa.) Gracias a Dios que no me olvido de ti. Sí, tú estás siempre a mi lado, pase lo que pase, aunque apenas hables; pero sabes escuchar mejor que nadie. (Pausa.) ¿Te acuerdas, papi, antes que se me declarara esta cosa, la esclerótica, sí, antes que me convirtiera en una artistaesclerótica? (Pausa.) Papi, la enfermedad hay que asumirla. Hay que negociar con la enfermedad para que te deje respirar. Ahora es que me siento mejor, ahora soy una artistaesclerótica… ¡total! Antes yo era una artista normal. Hacía lo que hacen todos los artistas. Le arrancaba el pellejo a cualquiera de nuestro desgraciado sector. No es que yo buscara ensañarme con todo el mundo. Todo lo que hacía era ejercer la defensa propia. Mi lema era dar cuando te den. Ojo por ojo, diente por diente. Pero a veces salía mal parada. Cuando iba a devolver el tortazo, ya me habían pegado el segundo. (Pausa.) Un día me dieron en plena cara. Y no podía recobrarme del tortazo. Pero un día me tocó cambiar el lema. En mi mente surgió aquello de dar antes que te den. Fue por eso que terminé en el sanatorio. Fueron aquellos los días más tranquilos de mi existencia. Todos dormíamos con nuestras “camisas de fuerza”, nuestras miradas se llenaron de ternura; todos estábamos inmerso en el amor obligatorio. Hasta que comenzaron a pudrirse las camisas de fuerza, y no tuvieron más remedio que enviarnos a casa. Me integré de nuevo a la vida. Aún no se me caían las vasijas de las manos, me bañaba dos y tres veces al día, no tenía ningún tic nervioso. Ni era bursátil, ni calandraca, ni bífida, ni disláctica… Esos disparates vinieron después. La vida me daba una tregua. Por un tiempo abandoné mi sistema de defensa. Ya no le ponía polvos de sapo en el camerino a mis “compañeros artistas”; aunque en la gaveta de mi mesa de maquillaje, yo guardaba un coco blanqueado con cascarilla. ¡Hay que protegerse, ¿no?! Fue un tiempo de recuperación. Ya ni tenía que tomar la “chispa de tren”, ese alcohol que te hace cambiar la piel como si fueras una serpiente. Ni le fumaba un tabaco al muerto para que fuera a trabajar por mí; mientras yo me quedaba en la casa aliñándome para cuando tú llegaras del trabajo. (Suspiras.) ¡Eso era felicidad! Fue una pausa en medio de tanta desgracia. Un día, cualquier día, se me fue toda aquella… No encuentro la palabra. Los médicos dictaminaron que lo que yo tenía era artistaesclerosis. Fue… Papi, ¿tú te acuerdas cuando me callaba la boca en las asambleas, sabía decir a todo que sí, y tú te ponías bravo, porque decías que trabajabas más que yo; y, sin embargo, yo era la vanguardia de la casa: me gané la batidora, la plancha y el refrigerador… ¡Ah, y me gané el viaje a Siberia! ¡Ay, papi, qué emocionante, te querían dejar allí! Y todo porque no encontrabas nada bello en aquel frío horrible. Pero tú no seguías mi ejemplo. Hay que callarse la boca. Hablar sólo en una situación extrema. No obstante, después del viaje, nos jubilaron, aunque el júbilo no lo veo por ninguna parte. ¿Por qué les ponen nombres tan disparatados a las gentes? Mira que llamarle Júbilo al tipo que me… Papi, ¿qué era lo que me hacía Júbilo; es que no me acuerdo desde que soy una artistaesclerótica? Y, tú, ¿por qué no haces lo que yo? 

Mira cuando te pregunten de nuevo: “Su nombre, por favor”. Tú, papi, le contestas: “Antonio Alonso”. Y ya está. Sí, yo sé quien eres tú. ¡Cómo no voy a saber con quien me casé! ¡Ay, papi, qué boda fue la nuestra! En Tropicana, un paraíso bajo las estrellas. ¿Por qué nos casamos allí? Pues porque tú eras la estrella de ese lugar. Sí, yo sé con quien me casé. (En secreto.) Papi, tú te llamas Nat King Cole, y eres un negro yanki que cantas como el terciopelo; pero cuando te pregunten, no puedes decir la verdad. Recuerda: “Antonio Alonso”. Y ya, te declaran artistaesclerótico, después viene a verte el Compañero Júbilo, y tú estás como el diga. (Pausa.) ¿Lo vas a hacer? ¿Lo ensayamos? (Casi deletreando.) “Antonio Alonso”. (Fuera de sí.) ¡No, Nat King Cole, no! Vamos, ¿qué te cuesta? “Antonio Alonso”. Nada de dignidad. “¡Antonio Alonso!” Vamos, repite: “¡Antonio Alonso!”

APAGÓN


EL VIAJE RITUAL, poem, 1998top

A los cubanos de todas partes

Atrapados en nuestros tristes odios 
navegamos en el rito misterioso de un viaje
por mucho tiempo ya prolongado, 
con rumbo hacia ninguna parte, 
sin avanzar y sin retroceder, 
manteniéndonos, 
a toda costa, 
a flote en el naufragio, 
mientras la oscura y espesa corriente 
va aumentando su caudal 
con nuestra propia sangre. 

Cada cual esconde como puede su rostro 
en el rebaño y,
de vez en cuando, 
damos con una incierta orilla
—tal vez no sea real, la imaginamos—
para recordar que aún de hombres 
iluminamos la noche con la mestiza piel 
aunque los dioses no respondan a nuestros cantos, 
tal vez se han hecho sordos a nuestros conjuros,
ni siquiera reparan en nuestras imprecaciones, 
están furiosos con nosotros
porque no hicimos caso del oráculo 
que nos señalaba 
el verdadero rumbo.

Ellos pronosticaron los fracasos 
de las tantas aventuras, 
los por inútiles padecidos vía crucis, 
las fragmentaciones del alma, 
las renuncias sin compensaciones y 
el cotidiano morir por espejismo e ilusiones...

Los dioses nos anunciaban las desgracias
con voces de piedra y caracol,
en cáscaras de coco, y lenguaje de olas,
en las vísceras de las aves trenzadas 
con la de algún otro animal, 
bebiendo en cada sacrificio, 
aderezados con las semillas de obí colá, 
los jugos que apagan la razón
y hacen del pasado 
el cuerpo presente de los mitos.

Por todas partes nueces rojas centelleaban
en los horizontes,
signos de blanca luz hendían sus raíces
en los oscuros cielos,
eran las visiones fragmentadas 
del rey de todos los dioses,
el que regaña con rugidos de cientos de leones
la desobediencia de los hombres.

No hicimos rumbo al consejo ni hicimos caso
al corazón que las lenguas de los dioses 
nos dieron.

Nos querían los dioses para la fiesta perenne, para
abrirnos al mundo sin afanes de botín,
querían que dejáramos en el aire el tatuaje 
de nuestros cuerpos bautizados por la danza y 
las saetas de tambores que hacen diana en la pena y 
curan cualquier oscura aflicción.

Al iniciar la ruta loca 
ellos nos ven los recorridos, 
van a nuestras espaldas 
como centinelas del destino adverso. 

En los días sagrados, en medio de los festines,
bajan danzando a la caja de música 
en que nuestros cuerpos se han convertido, 
entregamos la faz a sus máscaras rituales
y perdemos el dominio de nuestras lenguas.

Es así como nos hacemos templo, 
congregación, espíritu y visión. 
Nuestras palabras se transmutan en rumores sagrados,
en cantos remotos y desenfrenados, 
orgías de voces ensalzan 
tanto las olvidadas epopeyas
como las escasas victorias de una raza
-nos cuentan la saga 
no desde la visión del héroe, sino
de los seres transparentes: 
los que siempre pierden la vida en las hecatombes-; 
esa es la historia que sólo sirve para sacrificar 
los nombres de la plebe 
y destacar el nombre de líderes o reyes. 

Nuestros cuerpos se iluminan con el fulgor de los astros 
que cuelgan de los cielos; 
nuestros miembros toman su fuerza con los sonidos 
que nuestros pies, 
al ritmo del tambor, sacan del suelo; es entonces 
cuando la fiesta se ve comparsa, 
procesión serpiente que muerde su cola 
para no perderse en esta vida. 

Es el momento del vínculo con la estirpe ancestral.

Pero ¿de qué muertos hablan estos cantos? 

¿Cuáles son mis muertos sino los tuyos?

Hemos abjurado de nuestros mejores sueños
por darle apoyo sólo a aquel encono y pesadilla;
le otorgamos realidad a una quimera 
para renunciar a jardines y bosques repletos 
de azucenas;
velamos los mitos para consagrarnos 
a una historia que no nos concibió, 
renunciamos a la verdad 
que habita en el poema y 
nos dejamos deslumbrar por la nebulosa 
en que siempre andan envueltas 
las cosas del futuro. 

Desde entonces inflexibles vamos dando bandazos 
contra rocas y arrecifes, 
carenando en los bajos fondos 
de cualquier estuario, 
abriendo el pozo ciego de nuestra herida sentina 
que enmohece los lastres, 
la gruñidora armadura, 
raído el velamen y quebrado el timón
sin oponer resistencia, 
ignorando a voluntad que navegamos 
atrapados en nuestra propia sangre, 
represados en esa tétrica corriente 
que nos conduce al mañana, 
sin que queramos darnos cuenta
que el futuro no es más que la máscara que 
oculta el rostro de todo lo que nos ha sido vedado. 

Sólo nos asiste el consuelo al decir que 
gracias que no hay pueblo 
que carezca de imaginación, de
magia práctica, para multiplicar cada día 
los panes y la cerveza, 
las partidas y las muertes.

Tomás González Pérez

La Visión Imponderable de Marta, la Doméstica, 9/2005top

(Impresiones después de mi lectura de la novela Las Criadas de La Habana de Pedro Pérez Sarduy). Por Tomás González Pérez.

Aquella mujer, me recibió en una estrecha habitación de las múltiples cuarterías de uno de los barrios más populoso de La Habana, El Cerro. Todo era limpio, como si la habitación acabara de emerger del fondo del mar. 

Aquel día coincidieron muchas cosas en la vida de aquella negra de pulcritud sublimada. Al verme se puso muy alegre. Yo tenía para ella toda la importancia que se le da en una casa a un hijo mayor. Para mí fue una de las muchas madres que me colmaron de ternuras y mimos. Ese día llegaba su hijo Pedro de Londres; pero hubo un incidente. Confundieron a nuestro Pedro con otra persona que se había marchado ilegalmente del país. Todo se aclaró convenientemente. Un chubasco de excusas; pero el suceso fue doloroso para una madre que ve el incidente a través de la cristalera oscura de la aduana de un aeropuerto. No podía explicarse lo que estaba sucediéndole a su hijo. Además, lo peor sucedería apenas unos minutos antes de mi llegada al hogar de Marta. Ella acababa de salir de un ritual –recibimiento de Olokun-, y al llegar a la puerta de su casa, se le había resbalado la tinaja de las manos. Había hecho este ritual porque se sentía enferma, y la ceremonia le aseguraba prolongar un poco más la vida.

Y la tercera complicación me la expresó en un aparte que conmigo hiciera: había descubierto la infidelidad en el que era su marido. 

La limpieza, reitero, iba con ella siempre. Limpiaba la vida que la rodeaba para no ensuciar la íntima vida, la de los sentimientos dulces para todas las cosas. Nadie le dio la condición filosófica, perdón, digo que ningún estudio; sino la cultura de la diáspora, la sabiduría de su cultura oral, tanto la contada como la interpretada. Los mitos, las fábulas y leyendas de dioses, hombres y animales constituyen la cultura contada de muchos pueblos; mientras que los signos o letras de los oráculos han de ser interpretados y reinterpretados por sacerdotes y por el hombre común. Hay como un sonambulismo en Cuba desde siempre. El cubano es, como lo planteara Lydia Cabrera, un ser que, en cuanto animista, sabe establecer contacto con el misterio cotidiano. El cubano va de trascendencia en trascendencia; para sí mismo cada cubano es lo más importante porque cada hombre es morada de dioses. Esta suerte de sonambulismo, de andar en la vida como en las rutas de un sueño, sólo que con los ojos abiertos, desmesurados, nos hace definir a nuestro país como una tierra en trance permanente; no porque el cambio sea su último objetivo, sino por el contrario, porque el trance, esa experiencia cotidiana, es el único modo que tenemos para lidiar contra el olvido.

Días después Marta, nuestra “Mami” murió.

Esta novela aparece en un momento de incertidumbre globalizada. Ya no hay nada más que dudas. La creencia en las cosas se ha evaporado. No hay fe verdadera; no hay nada en qué creer. La transvaloración de Nietszche ha tomado las riendas de las polarizaciones. La dialéctica no puede seguir fundamentada en la irreconciliación de los contrarios. Los años cincuenta tuvieron un brote de perdida de identidad. El cielo se confundió 
con la tierra. Los santos entraron en un mestizaje con los bandidos. Se hicieron cangaceiros. Trataban de hacer el reparto divino de las riquezas del mundo, arrebatándoselas a los ricos para aliviar pobrezas. Dios y el Diablo se veían uno a la luz del sol. Y el Quijote se reveló por sus actos trascendentes en el manual esotérico de las guerrillas actuales escrito por Miguel de Cervantes, un escritor manco en una batalla en Lepanto.

El Che, así como toda su generación latinoamericana, había encontrado, por obligada lectura, lo esotérico de la Revolución en una mística de convertir en trascendencia lo cotidiano. El Che cabalgaba en un Rocinante; pero no era solamente un hidalgo de caballería, era a la vez su escudero. Sancho le andaba por las entrañas, cuando le fuera que eran gigantes los molinos de viento del capitalismo que tenía que enfrentar. Y, al convertir su ideología en lucha redentora de los avasallados y oprimidos del Tercer Mundo, logró el milagro de despojar al Tercer Mundo de su origen geográfico para convertirse en una ideología de la realización por medio de revoluciones sui géneris. 

La postmodernidad no tiene un origen estético o de espacio arquitectónico, en todo caso éste último es la manifestación de una espacialidad universal metafísica. Cualquier espacio es el espacio de una trascendencia. Se puede hacer levitar la mole del Pentágono del mismo modo que el Quijote combate contra molinos de viento que su mente esquizoide ha transformado en gigantes. De este encuentro siempre se sale vencedor porque el suceso se convierte en acontecimiento, y sólo corresponde a los mitos la reiteración que hacen los pueblos para explicarse lo que sucede en su tiempo. El mito enfrenta las desgracias con el paréntesis de una saga. 

Habla por sí misma esa dichosa edad y tiempos dichosos aquellos, la que se busca como tierra prometida, y que creemos que nuestras acciones empecinadas, nos harán darnos cara a cara con esa quimera, sonido y memoria, fantasía bucólica de un tesoro que ya no es.

Marta, un personaje que no es personaje por dos motivos: primero, porque no es una tipificación ni máscara característica económica, y segundo, porque es esencia que se descubre a sí misma en el momento en que se describe, o se descontruye. 

¿Esencia de qué? De lo cubano fuera de la ideología. Un ser sin sueños, despierta, viva como los güijes, seres transparentes que se materializan; a pesar de que sigan siendo un misterio.
Y Marta es el misterio de un enfrentamiento entre lo social impuesto por vasallaje y el intento de una liberación esencial. Marta no es quijotesca, actúa con la objetividad inocente de Sancho, pero no duerme en el balanceo de la cabalgadura de un asno, sino que le anda a los gigantes por dentro. Marta espera en una especie de distanciamiento brechtiano, porque su espera es desde una cultura, la de la diáspora afroamericana.

Siempre he creído que la santería es más una filosofía que una religión; más una formulación psícológica para encontrar lo sagrado en lo humano que una ideología que pretende crear, por medio de disciplina o represión, un hombre virtuoso. 

Marta se hace la Marta-esencia a medida que cuenta y recuenta un mito; pero no como lo contaría un sacerdote de Ifá comprometido como está con la recreación de los mitos; sino como quien se limpia de la incidencia de una realidad atropellada por involucrar al nuevo mundo americano en un laberinto racional cartesiano, o en esa convulsión desesperada que es el aristotelismo de irse por lo que parezca más virtuoso.
Marta es una rebeldía, una aceptación de sí misma, elaborada por la ética de una ancestralidad, por una voz interior, por una esquizofrenia legitimada por una cultura de palabras vivas. Ella es el griot de un proceso. Narra viviendo, involucrada; pero objetiva, sin compromiso, fluida, careciendo, de modo excepcional, del resentimiento inherente, y legítimo, de la diáspora a la que pertenece. 
La diáspora afroamericana ha sido mal interpretada hasta por sabios como don Fernando Ortiz, cuando vio sincretismo, en lo que no es más que camouflage. Los santos católicos no son más que recipientes de un contenido subversivo, de una memoria ancestral, reanimada y sostenida por la oralidad propia de las tierras de procedencia.

La novela no sólo es atractiva porque sea su prosa la de una crónica periodística, sino porque está sometida a una interiorización que se resuelve en emotividad contenida, inteligente, como cuando uno recibe una enseñanza, y puede convertirla en la fabulación de una experiencia que aún está en espera de solución. 

¿Dónde ha de encontrar el mundo de Marta su verdadera integración? ¿En los que se quedan? ¿En los que se van? ¿En los negros? ¿En los mulatos que estiran la goma “ya que ser blanco es todavía una carrera”? ¿En los blancos que temen que el país se ennegrezca como Haití? Pero aunque este no sea el asunto principal de esta magnífica novela, le envuelve por todas partes. Es como una inducción secreta para que el lector elabore un juicio íntimo que enlace con el juicio íntimo del autor.

La criada Marta sigue limpiando a fondo los oscuros rincones de una realidad que no puede asumir, porque, a pesar de las buenas intenciones, ninguno de los dos, ni Sancho ni el Quijote, tenían como lo principal en su aventura la reivindicación de Marta, mujer y negra.

De esencia a esencia es, más que comunicación, la comunión de lo ineludible humano.

La novela está elaborada por el amor al mestizaje. Marta es ante todo, y a pesar de todo, cubana. Sólo el negro, siendo ser discriminado, rechazado por los que creen en la superioridad de su blancura, puede hacer del Nuevo Mundo el mundo de amor y paz que todos buscamos, el “con todos y para el bien de todos” martiano. 

La amenidad con que está escrita esta novela, con una trayectoria parabólica, desnuda su elocuencia épica en una heroína que, siendo el resultado de una simbiosis, pues el autor se abandona, se deja cautivar, hasta la metamorfosis, en sentido inverso a la del Orlando de Virginia Wolf, que convierte su relato desde la omnipresencia de su masculinidad en el feminismo militante de una negra que se siente negra en un mundo aún sin integración real; pues Marta sigue en la “periferia nietzscheana” contribuyendo a la inmensa cultura del Nuevo Mundo, sin perder la identidad en las “mil mesetas” de Deleuze y Guattari. 

La Marta que está en el final de esta novela, impone su forma de espera. Ahí, en lo inconcluso, es Marta toda la literatura, anunciando que los verbos posibles se conjuran en su boca, la duda no será la relativista, más bien sus apoyaturas habrá que extraerlas de un resentimiento visceral contra un sincretismo desarrollado, a pesar de todas sus buenas intenciones, dentro de una ideología aún catequista, que trata de llegar a la definición de un mestizaje por temor a que todo desemboque en una revolución al estilo de la de Haití. 

La minuciosa descripción de las calles de Villaclara, ciudad que llega a ser, a mediados del siglo XX, un indiscutible centro cultural abastecido por profesores que son excedencia de la urbe capitalina, dedicada más a la nocturnidad y a las riquezas de casinos, burdeles y gangster, que irrumpieron con sus levitas y trajes a la hechura en las tertulias y conspiraciones de los parques, restaurantes, bibliotecas, centros de estudios como la Escuela Normal, el Instituto, la Escuela de Artes Plásticas, sociedades de blancos y negros, logias, capítulos de fraternidades secretas y, sobre todo, una Universidad que no desatendía la letras a favor de un desarrollo agrícola; sino que propiciaba la búsqueda en todas las esferas del arte.

Pero aquella polvorienta ciudad, con sólo alejarse de su centro, ya exhibía las desolaciones de la sabana, con campos rasos, sin vegetación, sin cuencas profundas; donde sólo las tormentas te traían la humedad salada de lejanas costas marinas. 

La extrema sensibilidad y la connotación del reto que es Marta, hace que estemos en presencia de un documento valioso no sólo porque nos echa de bruces ante nuestra identidad; o porque nos haga saludar con reverencia de iyabó (iniciado en la “santería”); sino también, por sus juegos formales, como el ya enunciado donde el autor-médium es el que se eleva, el que se diluye en el éter; mientras el difunto encarnado se materializa, se concreta para ser inmortal, que es el recurso de nuestra oralidad reiterativa (Lyotard) de lo ancestral que “baja” para quedarse definitivamente entre nosotros. 

Hay algo más del perfume que deja esta lectura, y es que Marta se hace duende, diosa, divinidad y con ello el don de lo eterno se magnifica. No sé; pero al final del libro está Marta con sus ojos brillantes, observándome, y diciéndome sin palabras, y sin perder la sonrisa: 

–“Así están las cosas”. 

27 de julio de 2005top

Curiculum Vitae

Los Tommy Rockets

Tomás González Pérez nació en Santa Clara el 29 de diciembre de 1938. Su infancia, adolescencia y parte de su juventud transcurren en la capital de la provincia de Las Villas (actualmente Villaclara). Allí estudiará magisterio, bachillerato, artes plásticas y actuación. Se dedicará al canto en cabaret, teatro y radio con su agrupación musical los Tommy Rockets. Al triunfo de la revolución cubana funda el Teatro Experimental de Las Villas. Obtiene el Premio de Teatro Rural del Teatro Nacional de Cuba y con ello consigue una beca para realizar estudios en el Seminario de Dramaturgia bajo la dirección del dramaturgo argentino Osvaldo Dragún. Allí sería alumno del propio director de dicha entidad, así como de la dramaturga mexicana Luisa Josefina Hernández; del director teatral uruguayo Ugo Ulive; de la musicóloga cubana Mª Teresa Linares, de los folklorólogos Isaac Barreal, Odilio Urfé, Argeliers León, Teodoro Díaz Fabelo, Rogelio Martínez Furé y Miguel Barnet; el historiador de la cultura cubana Manuel Moreno Fraginals; el novelista cubano Alejo Carpentier; el poeta y ensayista Cintio Vitier; el poeta Fernández Retamar; el dramaturgo cubano Rolando Ferrer; la profesora de literatura urugüaya Irene Campodónico; la doctora de Filosofía Wuanda Garatti; el director teatral Adolfo de Luís y otros muchos profesores que por allí desfilaron.

En 1965, realiza trabajos como profesor de actuación en la danza, composición y diseño corporal en el tiempo y el espacio, en la Escuela de Danza Moderna y Folklore de la Escuela Nacional de Arte. Ese mismo año entra a trabajar como Dramaturgo Jefe del Departamento de Dibujos Animados del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC) donde, además de realizar numerosos guiones (Osain, El Poeta y la Muñeca, La Frontera, Ebboguonú, El Elefante, etc...), da un Curso de Teoría Dramática. Durante mucho tiempo imparte Seminarios de Dramaturgia, Actuación y Diseño Corporal para los Instructores de Arte de toda la isla.

En 1968, es uno de los fundadores de la del todo significativa experiencia teatral que fuera el Grupo Los Doce, con Ada Nocetti, Flora Lawtern, José Antonio Rodríguez, Carlos Ruiz de la Tejera, René Ariza, Julio Gómez, Óscar Álvarez, Roberto Gacio, Roberto Cabrera, Carlos Pérez Peña, Vicente Revueltas, Aramis Delgado.

Un poco más tarde, escribe los guiones cinematográficos: “De cierta manera”, de Sara Gómez, y “La última Cena”, de Tomás Gutiérrez Alea.

En 1984, se gradúa como Licenciado en Dramaturgia y Teatrología en el Instituto Superior de Arte de Cuba, donde su tesis teatral “Delirios y Visiones de José Jacinto Milanés”, le da la máxima clasificación y, un poco más tarde, obtiene con esta obra el Premio de la Literatura de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en el género de Teatro. 

Después de algunos años de trabajar como cantante y compositor, regresa de nuevo al teatro con el estreno de su obra teatral “Los juegos de la trastienda” con gran éxito de público y de crítica y que le valiera el Premio a la Mejor Obra Teatral en un acto del Café Teatro Bertolt Brecht.

Ha sido Profesor Titular adjunto del Instituto Superior de Arte de Cuba, donde ha impartido seis especialidades en Artes Escénicas. 

Antes de marchar a España, crea y desarrolla, durante años, sus teorías y prácticas de Actuación Trascendente y Danza Oráculo en un Taller Permanente en la sede de dicho Conjunto Folklórico Nacional de Cuba del que fuera su Asesor Teatral, impartiendo cursos y talleres internacionales.

Con la cantera de actores formados en su metodología crea el grupo teatral “Teatro 5”. 

Muchos de los actores por él formado, sus puestas en escena y sus textos, fueron llevados, en todas las frecuencias, al Festival del Monólogo de La Habana, siendo merecedores de muchos premios. 

Ha participado con sus trabajos en diversos Festivales Internacionales como lo son: el Festival de Otoño de Madrid, el Festival de Cádiz, el Festival de Agúimes, el Festival de Río, el Festival de Sao Paulo, el Festival de Portugal, el Festival de Valladolid, el Festival de Molina de Segura y otros más.

Como pintor ha realizado exposiciones personales en Santa Clara, La Habana (en la sede del Conjunto Folklórico Nacional de Cuba), en Martinica y en Las Palmas de Gran Canaria (Colegio de Aparejadores y Arquitectos Técnicos, Club de Prensa Canaria, Babón Bellas Artes y Centro de Iniciativas de la Caja de Canarias).

En 1993 es llamado por la Escuela Internacional de Teatro de América Latina y El Caribe (EITALC), para que como pedagogo imparta un Taller Internacional de Actuación Trascendente, en la comunidad de Machurrucutu (provincia de La Habana), dirigido a actores y directores de teatro de toda la América Latina, Estados Unidos y Europa.

En Las Palmas de Gran Canaria, junto a su esposa, la profesora de origen canario, Mª del Pino Rodríguez de la Cruz, realizó un Taller Internacional de Actuación Trascendente en la ciudad de Santa Mª de Guía, con el apoyo del Ayuntamiento de ese Municipio, el Patronato de Turismo del Cabildo Insular de Gran Canaria y la Dirección General de Juventud del Gobierno de Canarias.

Asimismo, en Las Palmas de Gran Canaria, en el Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM), impartió una conferencia con el título “La teatralidad en los Orishas en el Folklore Afrocubano”.

En 1997, es invitado al Festival Internacional de Teatro de Valladolid donde imparte un Seminario sobre Actuación Trascendente.

Participó como director artístico, guionista y compositor en la Bienal de Flamenco de Sevilla con el Ballet de María Serrano.

Posee numerosos proyectos para cine y seriales que permanecen en ideas y notas.

En este momento acaba de publicar por Anroart Ediciones su novela El breve espacio y su poemario Paisaje de mujer.

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www.ecured.cu/index.php/Tom%C3%A1s_Gonz%C3%A1lez_P%C3%A9rez

From http://www.functionvariable.com/movilarte/Ritualidad.pdf  which contains his "La moda de la ritualidad"

Tomás González Pérez nació en Santa Clara (actual Villaclara) un 29 de diciembre de 1938. Procedente de una familia pobre sus padres se esmeran en que tenga acceso a la mejor educación. La primaria la realiza en la escuela privada “González del Valle”, siendo uno de los tres únicos negros que pertenecieron a esta escuela creada para niños blancos con padres de cierta solvencia económica. Allí se mantuvo hasta el cuarto grado donde el divorcio de sus padres echa abajo todo el sueño de su madre. Pero al ingresar en la Escuela Pública, su inadaptación al nuevo medio, donde la violencia era ejercida por niños de procedencia marginal, lo lleva al conflicto con todo un grupo de profesores, que le echaban en cara el que siendo negro hubiera tenido acceso a una escuela tan excluyente. Por eso el mayor tiempo de su estancia en la enseñanza pública lo pasaba de castigo en la dirección del centro. 

El director Juan Tandrón, mulato de recia formación académica le asume y se convierte en su maestro directo. Un día le dijo: “¿sabes por qué te tratan esos profesores así? No creas que es solamente porque te ven negro; sino por algo más importante; te han visto el talento. No le hagas caso a los racistas, pasa de ellos”.Estudió Magisterio y Artes Plásticas en esta ciudad. Comienza a participar. En la Universidad Central “Marta Abreu” matricula Pedagogía y Psicología; pero se crea el Teatro Universitario bajo la dirección de Irma P. de la Vega, que acababa de llegar de México donde recibió clases del famoso director Seki Sano -uno de los últimos alumnos de Konstantin Stanislavsky-; e, Irma le enseñó el “método” con todo el rigor que la caracterizaba. Pero su formación se debe a la llegada, en plena dictadura batistiana, de varios profesores formados en San Alejandro y que habían sido premiados con bolsas de viajes y que habían alargado la estancia en Paris, Londres, Holanda, Madrid, Barcelona, México y Caracas. De todos ellos había uno cuya vocación no era el arte; sino la historia y la economía, el Dr. Manuel Moreno Fraginals. Los demás eran profesores de arte: Antonio Alejo, historia del arte; Pedro Gutiérrez, grabado; Armando Martínez, pintura; Córdoba, escultura y algún que otro visitante. Todos estos intelectuales y creadores se reunían en tertulia en uno de los salones del Restaurante La Nueva Cubana donde tenían por costumbre invitar a algún que otro alumno a participar. Fue en estos encuentros culturales donde Tomás encontraría orientación para todas su inquietudes. 

Al triunfo de la Revolución, después de estrenar sus dos primeras obras teatrales con su grupo Teatro Experimental, recibe un premio por una obra de teatro para ambiente rural que consistía en una beca para realizar estudios en el Seminario de Dramaturgia del Consejo Nacional de Cultura. Entre los profesores que impartieron sus disciplinas se hallaban, entre otros, Osvaldo Dragún, Ugo Ulive, Alejo Carpentier, Wanda Garatti, Luisa Josefina Hernández, Irene Campodónico, Atahualpa del Chiopo, León de Wit, Rolando Ferrer, Manuel Moreno Fraginals, etc. 

A su salida del Seminario se dedica a la enseñanza de arte y es uno de los fundadores de la Escuela Nacional de Danza Moderna y Folklore, del Seminario de Dramaturgia Cinematográfica (ICAIC), del Grupo Teatral Los Doce –la experiencia más destacada en el teatro cubano. A partir de ese momento su labor es incesante pues hace cabaret, music hall, teatro trascendente, cine, dibujos animados, composición musical, canta… Actualmente posee la Licenciatura en Dramaturgia y Teatrología, un master de Filosofía de la Universidad de La Habana y el Premio UNEAC de Teatro. Ha participado como director en la Bienal de Flamenco de Sevilla, ha tenido numerosos estrenos en España, Suiza, Miami, Los Ángeles, San Paulo, Buenos Aires, Chile… Y ha expuesto su obra plástica en igual cantidad de lugares. Ha viajado como conferenciante a Massachussets, Miami, Boston, etc. Actualmente vive y trabaja en Las Palmas de Gran Canaria.

topTomás González en su definición mejor, 2005

 
 
 

 

Tomás González en su definición mejor

Inés María Martiatu Terry

Que Tomás González es sin duda una de  las personalidades más singulares del teatro cubano  contemporáneo, es cierto. Pero que  ha sido también una de las figuras más olvidadas lo es también. Algunos lo descubrieron por el estreno de Los juegos de la trastienda y por los éxitos que obtuvo en los dos festivales del monólogo celebrados en 1988 y 1989, particularmente con La artista desconocida  y  Mamá yo quiero ser Fred Astaire. Los más avisados saben que este dramaturgo  es el autor de dos guiones trascendentes en el cine cubano: quizá el más audaz,  De cierta manera, escrito junto a la desaparecida directora Sara Gómez y el más perfecto La última cena, con el también fallecido  Tomás Gutiérrez Alea.

Este autor es creador de una prolífica producción de textos dramáticos. Su vocación como maestro lo ha llevado a ser profesor de dramaturgia, de dramaturgia de la danza y sobre todo de actuación. Sin embargo ha pesar de ser un incansable hombre de teatro ha tenido pocos estrenos y publicaciones[1].

Pero Tomás es esencialmente un hombre de la cultura cubana.

En el teatro dramaturgo, director, actor, Tomás llegó a ser el profesor de actuación más influyente a finales de la década del 80 y el único que ha creado su propio método de Actuación Trascendente con el que enseñó y presentó a sus alumnos en los Festivales del Monólogo sobre todo en los años 1988 y 1989. Como músico ha participado en  incontables experiencias y se ha presentado durante años como cantante profesional. Como pintor ha realizado  diversas exposiciones.

Este hombre, tan bien dotado para la creación, ha tenido la intuición, el don o la suerte de estar siempre presente allí donde estaban a punto de desarrollarse importantes acontecimientos artísticos que marcaron una  época entre nosotros y que todavía están dando sus frutos. Es capaz de captar, llegado el momento, el rumbo preciso y necesario que tomarían  los acontecimientos. Tomás González es un hombre extremadamente culto en el mejor sentido, esto se puede apreciar en la forma en que es capaz de utilizar su acervo relacionándolo con el resto de sus conocimientos y su creación. Un caso notable y mágico fue el de Yago tiene feeling (1962); la había escrito en una noche y la leyó en el Seminario de Dramaturgia del Teatro Nacional. Por esa época recuerdo que Tomás cantaba y se identificaba plenamente con las búsquedas  del personaje Yago. Él quería hacer lo que Yago, todos lo sabíamos. Pero lo mágico fue que Pablo Milanés lo hizo. En esa obra se insertan tres canciones: el tema Yago tiene feeling, con letra de Tomás González y música de César Portillo de la  Luz, y las dos restantes con letra y música del propio Tomás. Yago expresa sus propósitos artísticos  cuando dice: “No me apresuro. Busco una voz, la voz de estos tiempos. Aún no la he encontrado [...] Estoy en una cosa distinta. Algo que se le escapa al feeling de las manos. Es el después del feeling.”

En un interesante trabajo, el musicólogo y ensayista Leonardo Acosta, caracteriza la  obra de Pablo Milanés en su primera etapa como compositor y cantante, una obra de transición entre el feeling y la Nueva Canción o NuevaTrova[2]. Me parece adecuado mencionar también, para ilustrar este proceso, la canción Tú mi desengaño, a mi juicio la última del feeling y la primera que ya no lo es propiamente, ese después del feeling a que se refiere Yago. Claro que esta evolución estaba ya en el ambiente musical, y no en un solo creador, pero lo importante fue cómo el dramaturgo logró captar la lógica del devenir artístico en ese momento. Y no es  extraño que Pablo por su trayectoria y talento lo asumiera. Veinte años después Tomás nos demostró que entendió aquello, y con la mayor naturalidad del mundo escribió la segunda parte: Ote vino en un charter, que junto a Yago tiene feeling conforman El camino del medio.  Yago fue quizás, una anticipación de Pablo. En esa segunda parte el Yago adulto se identifica claramente con la personalidad artística de Pablo Milanés, en la que se inspira ahora de una manera consciente. No me canso de asombrarme de esa coincidencia, pero Tomás no se inmuta.

En un concierto celebrado en 1968 en la escalinata de la Universidad de la Habana ocurrió un suceso artístico memorable. Tomás González estuvo entre sus protagonistas. Se estrenó una  elegía al Che Guevara, inspirada en cantos funerarios de origen yorubá. Esta obra estuvo en la génesis de la idea de crear una agrupación con instrumentos tradicionales que sería  precursora de  posteriores trabajos en ese sentido. Allí se reunieron Sergio Vitier, Rogelio Martínez Furé, Jesús Pérez, Oba Ilú,[3] y otros. Más  tarde esta experiencia sirvió de base a la formación del Grupo Oru dirigido por Sergio Vitier de brillante trayectoria desde hace muchos años en el  panorama de la música cubana. En el terreno del teatro pudiéramos citar a De cierta manera,  cuya versión teatral, adaptada, dirigida y actuada por Mario Balmaceda fue el  detonante y antecedente (junto a María Antonia de Eugenio Hernández Espinosa, por supuesto) de toda una corriente de indagación en el mundo popular en el teatro de los 70. Al duro y sin careta (título de la versión teatral del guión del filme) se estrenó primero en las tablas y fue precursora de obras como Chapochachín asere, de Tito Junco, y sobre todo de Andoba, de Abraham Rodríguez. Por si esto fuera poco lo encontramos participando en el Grupo Los Doce en Teatro Estudio. Uno de los esfuerzos más serios por trabajar el teatro experimental entre nosotros. Aquello para él no fue un juego a ser moderno, sino la continuidad que le hizo encontrar la vinculación de lo experimental con una tradición todavía viva y que lo hace legítimo. La disolución del Grupo Los Doce fue uno de los síntomas de lo que se avecinaba, la hora de “los parámetros”, verdadera catástrofe que conmovió y desmembró en parte el movimiento teatral cubano, cuyas heridas tardaron mucho tiempo en restañarse. Tomás González fue una de los perjudicados por estas funestas medidas contra innumerables creadores.

El nacimiento de Tomás González, que él mismo describe como un suceso sincrético, ocurrió en Santa Clara el 29 de diciembre de 1938 a las once en punto de la noche, (por lo que es Capricornio con ascendente Libra), en una antigua cochera convertida en modesta vivienda.  Lo de sincrético le  viene porque su madre era  negra fina y costurera y el padre blanco, de ojos azules, de dudoso pasado liado con mujeres de mal vivir, y dueño de una vidriera de venta de cigarros y tabacos que encubría sus verdaderas actividades de apuntador. La infancia del niño transcurrió bajo la influencia de sus padres, los relatos fantásticos sobre su nacimiento (dicen que nació muerto y la comadrona lo revivió por puro milagro), y el mundo mágico de las primas de su madre que vivían en la acera de enfrente, en una casa gobernada por tres mujeres. Tomás describe la dualidad de las dos casas objetivadas en sus patios como lugares en que se desarrollaba la sensibilidad del niño, dos cosmos que alimentaron su fantasía y le hacían tomar conciencia de la presencia de seres misteriosos. “Siempre he presentido  la existencia de otro mundo paralelo al que vivimos. Y ése no es un mundo soñado, sino que creo a Calderón cuando definió nuestro mundo  cotidiano como sueño.”

Al fructífero quehacer teatral que describimos más arriba, y sus incursiones en la música, las artes  plásticas y el cine podemos  agregar una no menos significativa en el campo de la literatura. Paisaje de mujer[4] es el título de un volumen de poesía publicado en Islas Canarias, lugar donde el autor ha vivido  por muchos años. Tomás lo firma con un heterónimo, un nombre de mujer. El breve espacio[5] es la novela que debe su nombre al de la canción de Pablo Milanés El breve espacio en que no estás. Con esta  primera incursión este autor nos presenta sus credenciales en la novelística. El momento histórico en que se desarrolla la narración abarca momentos importantes de la vida de su creador. En lo formal, utiliza  técnicas en que se entrecruzan la fabulación y las entradas y salidas de la realidad que le tocó vivir.  Esta obra, que  esperamos se de a conocer al lector cubano, promete ser una de esos textos esclarecedores que nos dejan ver lo que fuimos en un pasado reciente y lo que podremos lograr en un futuro mejor. Mucho habría que hablar de Tomás González, un intelectual, un hombre de la cultura cubana de su tiempo que alcanza con el conjunto de su obra “su definición mejor”.

En La Habana y a 25 de marzo de 2008.

NOTAS

[1] Tomás González, El bello arte de ser y otras obras Selección y prólogo de Inés María Martiatu, Editorial Letras Cubanas, La Habana 2005.

[2] Leonardo Acosta: “Pablo Milanés, cantor de dos generaciones”, en Revolución y Cultura ,no.7, año 1984, p.2.

[3] Quiere decir Rey del Tambor . Es el nombre ritual que recibió este tamborero al iniciarse como tal. Los tocadores y constructores de tambores batá pasan un proceso de aprendizaje e iniciación para tocar estos instrumentos que se consideran sagrados en el culto de la Santería.

[4] Tomás González, Paisaje de mujer.(poesìa). Editorial Anroant, Islas Canarias 2005.

[5] Tomás González, El breve espacio (novela) Editorial Anroant, Islas Canarias 2004.

-- www.cubaliteraria.cu/delacuba/ficha.php?Id=4993

Levitar en Santa Clara 4/18/2008 Cuba Encuentro: ""Torquemada (Armando Quesada) me citó a una oficina oscura con una lamparita dirigida a mi rostro —escribiría Tomás [Gonzalez]—. Me dijo que mi Hamlet era negrista porque los actores que había seleccionado eran negros. Y esta vez me alejaron del teatro, me pusieron a cantar por cabaretuchos y granjas de todo el país. Al teatro volví cuando el 'hipo' de una resaca sacó a Luis Pavón del Palacio del Segundo Cabo"."  

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